Por: Genil Cuesta Féliz | La Pluma Perspicaz.
Un video que circula en las redes sociales relacionado con la Alcaldía de Santo Domingo Norte ha puesto sobre la mesa una discusión que merece ser analizada con seriedad: el papel que deben desempeñar las federaciones, asociaciones, uniones municipales y bloques que agrupan a las juntas de vecinos.
En el material difundido se plantea que algunas de estas estructuras estarían actuando con los roles invertidos.
La crítica sostiene que organizaciones creadas para representar, defender y gestionar las necesidades de los presidentes de juntas de vecinos estarían acudiendo ante las autoridades no solamente para reclamar soluciones, sino también para ofrecerse a resolver directamente problemas que corresponden a la administración pública.
Este planteamiento abre una pregunta de fondo:
¿Hasta dónde debe llegar la colaboración de las organizaciones comunitarias con las instituciones públicas sin que esa colaboración termine convirtiéndose en sustitución de responsabilidades?
La pregunta es importante porque la participación ciudadana y la responsabilidad institucional no son conceptos enfrentados.
Pueden complementarse.
Pero necesitan límites claros.
¿Cuál es el verdadero papel de una junta de vecinos?
Las juntas de vecinos son organizaciones territoriales y comunitarias que representan a los residentes de una determinada demarcación.
En Santo Domingo Norte existe, además, un reglamento municipal que contempla diferentes niveles de organización: juntas de vecinos, asociaciones y una federación de asociaciones. Ese reglamento describe funciones relacionadas con orientación, organización, defensa, participación democrática, planificación y acciones dirigidas al bienestar comunitario.
Esto es importante porque permite entender que una junta de vecinos no es una oficina de la Alcaldía ni una dependencia administrativa del Gobierno.
Su naturaleza es comunitaria.
Por tanto, su fortaleza principal está en representar a los ciudadanos, identificar necesidades, organizar la participación, formular propuestas, canalizar solicitudes y dar seguimiento a las respuestas de las instituciones.
La diferencia entre colaborar y sustituir
Aquí se encuentra el punto central del debate.
Una comunidad puede organizar una jornada de limpieza, colaborar con una campaña educativa o participar en una iniciativa de recuperación de un espacio público.
Eso puede ser una expresión legítima de participación ciudadana.
De hecho, el propio marco municipal de Santo Domingo Norte contempla la participación de las organizaciones comunitarias en programas relacionados con obras, educación ciudadana, saneamiento ambiental, salud preventiva y cuidado de los espacios públicos.
El problema aparece cuando la colaboración deja de ser complementaria y comienza a utilizarse como sustitución permanente de una responsabilidad institucional.
No es lo mismo decir:
“La comunidad colaborará con la Alcaldía en una jornada de limpieza”.
que decir:
“La comunidad asumirá de manera permanente una función que corresponde al servicio municipal”.
La primera puede representar participación.
La segunda plantea un problema de responsabilidad pública.
La basura como ejemplo del debate
Tomemos como ejemplo la recogida de residuos sólidos.
Los ciudadanos pueden colaborar manteniendo sus calles limpias, evitando lanzar desperdicios en lugares inadecuados, participando en campañas educativas y reportando puntos críticos.
Una junta de vecinos incluso puede organizar una jornada extraordinaria de limpieza de un área determinada.
Pero esa colaboración no debería confundirse con la prestación permanente del servicio municipal de recogida de basura.
El ciudadano puede ser parte de la solución.
La organización comunitaria puede ser aliada.
Pero la existencia de esa colaboración no elimina las responsabilidades de las instituciones competentes.
La corresponsabilidad no debe convertirse en transferencia silenciosa de responsabilidades.
¿Qué sucede cuando los representantes comunitarios dejan de representar?
El debate adquiere mayor importancia cuando las estructuras superiores de las juntas de vecinos —asociaciones, federaciones o bloques— dejan de utilizar su capacidad de representación para defender las necesidades de las comunidades.
Si una organización que agrupa a numerosos presidentes de juntas de vecinos tiene una estructura de representación amplia, su principal fortaleza debería ser precisamente esa capacidad colectiva.
Una sola junta puede presentar una reclamación.
Una asociación puede coordinar varias.
Una federación puede llevar ante las autoridades una agenda más amplia del municipio.
Ese es uno de los valores de la organización comunitaria: convertir muchas necesidades dispersas en una voz organizada.
Una federación debería fortalecer a las juntas, no debilitarlas
El reglamento municipal de Santo Domingo Norte establece entre las funciones de estas estructuras la orientación, apoyo, defensa, conciliación y promoción de procesos de planificación y acción comunitaria. También contempla la integración de las organizaciones de vecinos en programas municipales y otras iniciativas dirigidas al desarrollo de las comunidades.
Esto permite entender que las estructuras comunitarias tienen dos dimensiones que deben convivir:
representación y colaboración.
No se trata de escoger una y eliminar la otra.
Una federación que solamente reclama puede perder capacidad de diálogo.
Pero una federación que solamente colabora con las autoridades y deja de reclamar las necesidades de sus comunidades también puede perder su función representativa.
El equilibrio está en colaborar sin renunciar a representar.
La voz de los presidentes de juntas de vecinos
Los presidentes de juntas de vecinos están en contacto directo con los problemas cotidianos de sus sectores.
Conocen las calles deterioradas, los problemas de iluminación, las dificultades con el agua, la basura, el drenaje, los espacios públicos y otras necesidades de sus comunidades.
Por eso, las estructuras que los agrupan deberían servir también para fortalecer sus capacidades.
Eso implica capacitación, orientación, intercambio de información y acompañamiento institucional.
También significa ayudarles a preparar expedientes, identificar las autoridades competentes, formular propuestas y dar seguimiento a las respuestas.
Un presidente de junta de vecinos preparado puede representar mejor a su comunidad.
Y una federación organizada puede multiplicar esa capacidad.
¿Qué debería pedir una estructura comunitaria a las autoridades?
Si el objetivo es fortalecer el liderazgo comunitario, una organización que agrupa juntas de vecinos podría presentar ante las autoridades una agenda concreta.
Por ejemplo:
- Programas permanentes de capacitación.
- Reconocimiento institucional de los dirigentes comunitarios.
- Canales formales de comunicación.
- Seguimiento documentado de solicitudes.
- Participación en procesos de planificación municipal.
- Información sobre proyectos que afectan a las comunidades.
- Mecanismos de respuesta a los reclamos.
- Formación en legislación municipal.
- Capacitación en elaboración de proyectos comunitarios.
- Mayor participación de jóvenes en las organizaciones.
Esto sería utilizar la fuerza colectiva de las organizaciones para fortalecer la capacidad de las comunidades.
La participación comunitaria no debe convertirse en dependencia
Otro aspecto que merece atención es la independencia.
Las organizaciones comunitarias necesitan mantener una relación de colaboración con las autoridades, pero sin perder su capacidad crítica.
Una junta de vecinos no deja de ser representante de la comunidad porque trabaje con una alcaldía.
Pero tampoco debería convertirse en una estructura cuya principal función sea defender permanentemente las acciones de una administración.
La comunidad necesita organizaciones capaces de reconocer los avances y también de señalar las deficiencias.
La independencia no significa confrontación. Significa conservar la capacidad de representar.
El reglamento municipal ofrece una pista importante
Existe un elemento que merece ser conocido por los propios dirigentes comunitarios.
El reglamento de juntas de vecinos de Santo Domingo Norte plantea que la solución de los problemas comunitarios debe apoyarse en la educación, la participación y la corresponsabilidad entre líderes comunitarios, organizaciones sociales y autoridades municipales y nacionales.
Por tanto, el debate no debería plantearse como una guerra entre “comunidad” y “Alcaldía”.
El desafío consiste en establecer correctamente las responsabilidades de cada parte.
La autoridad debe gobernar.
La comunidad debe participar.
La junta de vecinos debe representar.
Las estructuras asociativas deben coordinar y fortalecer esa representación.
Cuando cada actor cumple adecuadamente su función, la colaboración puede producir mejores resultados.
¿Qué significa realmente invertir los roles?
Si por “invertir los roles” se entiende que una organización comunitaria deja de exigir soluciones y comienza a asumir funciones que corresponden a las instituciones, entonces el planteamiento merece ser discutido.
Pero si una organización participa voluntariamente en una jornada, apoya una campaña o colabora en un proyecto comunitario, eso por sí mismo no significa que haya abandonado su función.
La diferencia está en determinar:
¿Quién tiene la responsabilidad legal?
¿Quién financia?
¿Quién administra?
¿Quién ejecuta?
¿Quién supervisa?
¿Quién responde ante la ciudadanía?
Estas preguntas ayudan a establecer límites claros.
El peligro de confundir solidaridad con responsabilidad pública
La solidaridad comunitaria es valiosa.
Cuando los vecinos se unen para limpiar un parque, pintar un espacio común o ayudar a una familia afectada por una emergencia, demuestran capacidad de organización.
Pero los problemas estructurales de una ciudad necesitan políticas públicas sostenibles.
Una jornada voluntaria puede limpiar una calle.
Un sistema municipal eficiente debe garantizar que esa calle pueda mantenerse limpia.
Una comunidad puede ayudar a identificar un problema de drenaje.
La institución competente debe evaluar y ejecutar la solución que corresponda.
La solidaridad resuelve necesidades inmediatas; la gestión pública debe construir soluciones permanentes.
¿Qué debería cambiar?
Las organizaciones comunitarias podrían asumir una posición más estratégica.
En lugar de acudir únicamente a las autoridades para solicitar ayudas puntuales o participar en actividades, podrían presentar agendas comunitarias documentadas.
Cada asociación o federación podría recopilar las principales necesidades de sus sectores y clasificarlas por áreas:
infraestructura,
agua,
residuos sólidos,
alumbrado,
seguridad,
espacios públicos,
transporte,
educación,
salud y desarrollo comunitario.
Luego, presentar esas necesidades ante las instituciones correspondientes y establecer mecanismos de seguimiento.
Eso convertiría a las organizaciones comunitarias en verdaderas plataformas de participación y planificación.
La pregunta que deben hacerse los líderes comunitarios
Más que preguntarse quién tiene la culpa, los dirigentes deberían preguntarse:
¿Estamos representando adecuadamente a nuestras comunidades?
¿Conocemos las responsabilidades de las instituciones?
¿Tenemos una agenda comunitaria?
¿Documentamos nuestras necesidades?
¿Damos seguimiento a las respuestas?
¿Estamos formando nuevos líderes?
¿Estamos utilizando nuestra capacidad colectiva para conseguir soluciones?
¿Estamos colaborando sin renunciar a nuestra independencia?
Estas preguntas pueden ayudar a determinar si las estructuras comunitarias están cumpliendo realmente la función para la cual fueron creadas.
LA REFLEXIÓN DE: LAPLUMAPERSPICAZ.COM
Una comunidad organizada no debe convertirse en sustituta del Estado ni permanecer completamente al margen de las instituciones.
Debe ocupar el espacio que le corresponde: el de una ciudadanía organizada, participativa, crítica y colaboradora.
Las juntas de vecinos necesitan autoridades que las escuchen.
Pero también necesitan dirigentes preparados para hablar en nombre de sus comunidades.
Necesitan puertas abiertas, pero también propuestas.
Necesitan reconocimiento, pero también independencia.
Y necesitan colaboración sin perder su capacidad de reclamar cuando una necesidad no es atendida.
La verdadera fortaleza del liderazgo comunitario no consiste en estar siempre de acuerdo con las autoridades.
Tampoco consiste en enfrentarlas permanentemente.
Consiste en poder sentarse frente a ellas con una agenda, documentos, propuestas y la legitimidad de representar a una comunidad.
Cuando las organizaciones comunitarias cumplen su función, no sustituyen al gobierno local: ayudan a que la ciudadanía tenga una voz organizada frente a él.
Conclusión
El debate provocado por el video que circula en redes sociales merece ser llevado más allá de una simple confrontación entre dirigentes comunitarios y autoridades.
La pregunta fundamental es cómo construir una relación institucional en la que cada actor cumpla su responsabilidad sin impedir la participación del otro.
Las juntas de vecinos y sus estructuras asociativas pueden colaborar con las autoridades, participar en programas y contribuir al bienestar de sus comunidades.
Pero esa colaboración debe coexistir con su función de representación, defensa, orientación y seguimiento.
La Alcaldía necesita ciudadanos organizados.
Las comunidades necesitan instituciones que respondan.
Y los presidentes de juntas de vecinos necesitan estructuras que fortalezcan su capacidad para representar a quienes confiaron en ellos.
Colaborar no significa renunciar a reclamar.
Participar no significa sustituir.
Y representar a una comunidad significa conservar la capacidad de decir, cuando sea necesario: esto es lo que necesitamos, esta es la solución que proponemos y esta es la respuesta que esperamos de la institución competente.
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