Por Genil Cuesta Feliz, “La Pluma Perspicaz” ☆☆☆.
Introducción 》》.
En una época donde el éxito suele medirse por la acumulación de bienes materiales, posiciones de poder o reconocimiento social, existen personas que eligen un camino diferente. Un camino exigente y profundamente humano: el camino del servicio.
La reciente ordenación sacerdotal de Elkin Ariel Tejeda Cuesta, S.J., oriundo de Enriquillo, Barahona, constituye mucho más que un acontecimiento religioso. Representa una historia de perseverancia, formación, disciplina y compromiso con una causa que trasciende los intereses personales.
Su incorporación al sacerdocio dentro de la Compañía de Jesús, conocida mundialmente como los Jesuitas, invita a reflexionar sobre una pregunta fundamental:
¿Qué ocurre cuando una persona decide dedicar su vida al servicio de los demás?
La respuesta no solo transforma a quien responde a esa llamada. También deja una huella profunda en su familia, su comunidad y las generaciones que observan su ejemplo.
La vocación: una decisión que nace en el interior
Existen decisiones que pueden tomarse en cuestión de minutos.
Elegir una carrera.
Comprar una casa.
Mudarse de ciudad.
Pero una vocación auténtica suele construirse durante años.
Se alimenta de preguntas profundas, experiencias significativas, momentos de reflexión y un deseo constante de encontrar un propósito que dé sentido a la existencia.
La vocación no consiste únicamente en escoger una profesión.
Consiste en descubrir para qué se desea vivir y cómo se desea servir.
Por esa razón, quienes responden a una llamada vocacional emprenden uno de los procesos de formación humana más exigentes que existen.
¿Qué distingue a los Jesuitas?
La Compañía de Jesús es una de las instituciones más influyentes de la historia en los campos de la educación, la espiritualidad, la investigación y el trabajo social.
Fundada por Ignacio de Loyola, ha promovido durante siglos una visión que combina fe, conocimiento, reflexión crítica y servicio a la sociedad.
La tradición jesuita impulsa a sus miembros a buscar la excelencia humana, intelectual y espiritual.
Por esa razón, la formación de un sacerdote jesuita suele caracterizarse por años de estudio, discernimiento y preparación.
No se trata únicamente de aprender conocimientos religiosos.
Se trata de formar personas capaces de acompañar, educar, orientar y servir.
Cuando un pueblo ve florecer una vocación
Las comunidades pequeñas poseen una característica especial.
Sus logros suelen sentirse colectivos.
Cuando uno de sus hijos alcanza una meta importante, muchas personas sienten que también forman parte de esa historia.
En lugares como Enriquillo, donde las relaciones humanas conservan cercanía y sentido de pertenencia, la ordenación de un sacerdote representa algo más profundo que una celebración individual.
Representa una señal de esperanza.
Un recordatorio de que los valores sembrados en la familia, la escuela, la iglesia y la comunidad pueden producir frutos que beneficien a muchas personas.
El papel silencioso de la familia
Detrás de toda vocación existe una historia que pocas veces aparece en los reconocimientos públicos.
Es la historia de quienes acompañaron el proceso.
Los padres que enseñaron valores.
Los familiares que brindaron apoyo.
Los maestros que ofrecieron orientación.
Los amigos que estuvieron presentes en momentos importantes.
La formación de una persona nunca es una obra completamente individual.
Cada ser humano es también el resultado de muchas manos que ayudaron a construir su carácter.
Por eso, cuando alguien alcanza una meta tan significativa como el sacerdocio, el logro también refleja años de esfuerzo compartido.
Una lección para las nuevas generaciones
Los jóvenes actuales crecen en un mundo lleno de posibilidades, pero también de distracciones.
Las redes sociales muestran resultados rápidos.
La tecnología acelera los procesos.
La inmediatez parece dominar muchos aspectos de la vida.
Sin embargo, la historia de una vocación enseña una lección diferente.
Las metas más profundas requieren tiempo.
La formación exige paciencia.
El crecimiento auténtico necesita disciplina.
Y las decisiones que transforman una vida rara vez se construyen de un día para otro.
Este aprendizaje resulta valioso incluso para quienes no sienten una vocación religiosa.
Porque la perseverancia, la preparación y el compromiso son principios universales.
El verdadero significado del servicio
A menudo se piensa que servir consiste únicamente en ayudar a quienes enfrentan dificultades.
Pero el servicio tiene una dimensión más amplia.
Servir también significa:
Escuchar.
Orientar.
Educar.
Inspirar.
Acompañar.
Promover la dignidad humana.
Trabajar por el bienestar común.
Las sociedades necesitan personas dispuestas a asumir estas responsabilidades.
Por eso, toda vocación orientada al servicio posee un valor que trasciende al individuo.
Lo que gana una comunidad cuando uno de sus hijos decide servir
Las comunidades crecen cuando producen profesionales competentes.
Pero también crecen cuando forman ciudadanos comprometidos con valores humanos.
La presencia de personas dedicadas al servicio contribuye a fortalecer:
La esperanza.
La solidaridad.
La educación.
La convivencia.
La confianza social.
Estos elementos son fundamentales para construir sociedades más fuertes y más humanas.
Un legado que va más allá de los títulos
Los títulos académicos, los cargos y los reconocimientos tienen importancia.
Sin embargo, existe una pregunta que el tiempo siempre termina formulando:
¿Cómo contribuyó esta persona a mejorar la vida de los demás?
La respuesta a esa pregunta es la que finalmente define el legado de una vida.
Las personas son recordadas menos por lo que acumularon y más por lo que aportaron.
Menos por lo que poseyeron y más por lo que compartieron.
Menos por lo que recibieron y más por el bien que hicieron.
Una enseñanza para todos
La historia de Elkin Ariel Tejeda Cuesta, S.J., trasciende el ámbito religioso.
Habla de propósito.
Habla de disciplina.
Habla de compromiso.
Habla de la capacidad humana para dedicar la vida a una causa que beneficie a otros.
Y esa enseñanza puede inspirar a cualquier persona, independientemente de su profesión o creencias.
Porque toda sociedad necesita hombres y mujeres capaces de preguntarse no solamente qué desean obtener de la vida, sino también qué desean aportar.
Conclusión
Desde laplumaperspicaz.com invitamos a los jovenes a formarse y capacitarse porque Cada generación necesita ejemplos que recuerden la importancia de los valores, el esfuerzo y el servicio.
La vocación sacerdotal de Elkin Ariel Tejeda Cuesta, S.J., hijo de Enriquillo, constituye una oportunidad para reflexionar sobre esas virtudes.
Su camino nos recuerda que las grandes contribuciones no siempre nacen en los lugares más visibles ni buscan reconocimiento permanente.
Muchas veces nacen en comunidades sencillas, en familias trabajadoras y en personas que deciden dedicar sus talentos a una causa mayor que ellas mismas.
Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes de todas:
Una vida encuentra su mayor significado cuando se convierte en una fuente de bien para los demás.
Información que educa, inspira y transforma vidas.

Muy buena reflexión.
ResponderBorrarMuchas gracias por su valoración
BorrarExcelente trabajo mi tío, bendiciones para usted.
ResponderBorrarGracias yudy. Tu valoración sobre nuestro trabajo me motiva a que siempre el actual supere el anterior
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