CUANDO UNA COMUNIDAD PROTEGE A SUS NIÑOS, PROTEGE SU FUTURO

 

Por: Genil Cuesta Féliz | La Pluma Perspicaz.            


Una jornada comunitaria en Villa Mella Norte muestra cómo la educación, la prevención y la participación de los vecinos pueden contribuir a crear entornos más seguros para los niños

Una comunidad no se mide solamente por la calidad de sus calles, sus viviendas o sus espacios públicos.

También se mide por la manera en que protege a sus niños.

La infancia necesita alimentación, educación, atención familiar y espacios adecuados para jugar y desarrollarse, pero también necesita algo fundamental: adultos capaces de reconocer situaciones de riesgo y actuar responsablemente ante ellas.

En Villa Mella Norte, tres juntas de vecinos unieron esfuerzos con la Fundación Huellas de Esperanza Comunitaria para desarrollar una jornada educativa orientada a la prevención del abuso infantil y al fortalecimiento de la protección de la niñez.

La actividad contó con la participación de las licenciadas Santa Delgado Durán y María Concepción, en representación de la fundación, además de los dirigentes comunitarios Josué Delgadillo, presidente de la Junta de Vecinos de Canaán Segundo; Lorenza Cabrera, presidenta de la Junta de Vecinos de Vista de Villa Esperanza; y Deyanira de Jesús, líder comunitaria.

Más allá de la actividad puntual, la experiencia permite plantear una pregunta que interesa a todas las comunidades:

¿Qué puede hacer un barrio para contribuir a prevenir situaciones que pongan en peligro a sus niños?

Educar también es prevenir

La prevención comienza mucho antes de que ocurra una situación de abuso.

Un niño necesita saber que puede hablar con un adulto de confianza cuando algo le incomoda, le causa miedo o le hace sentir inseguro.

Durante la jornada realizada en Villa Mella Norte, los participantes recibieron orientaciones relacionadas con la identificación de situaciones de riesgo, la importancia de comunicar hechos que afecten su integridad y la necesidad de buscar ayuda.

Este tipo de orientación tiene un principio fundamental:

un niño debe saber que puede pedir ayuda y que merece ser escuchado.

La educación preventiva no significa asustar a los niños.

Significa enseñarles, de acuerdo con su edad, a reconocer límites, expresar incomodidad y acudir a personas adultas responsables cuando necesiten protección.

¿Qué puede enseñar una comunidad a sus niños?

La prevención puede abordarse mediante conversaciones sencillas y apropiadas para cada edad.

Entre los mensajes que pueden reforzarse en el hogar, la escuela y la comunidad están:

  • Mi cuerpo merece respeto.
  • Puedo decir que no cuando algo me hace sentir incómodo.
  • No debo guardar en secreto situaciones que me hagan sentir inseguro.
  • Puedo pedir ayuda a un adulto de confianza.
  • Si alguien me amenaza para que guarde silencio, debo buscar ayuda.
  • Si algo ocurre, contarlo no es mi culpa.
  • Los adultos tienen la responsabilidad de proteger a los niños.

Estos mensajes deben transmitirse sin crear miedo permanente y sin responsabilizar al niño por su propia protección.

La responsabilidad principal de garantizar la seguridad de la infancia corresponde a los adultos y a las instituciones encargadas de protegerla.

La importancia de escuchar a los niños

Uno de los errores que puede dificultar la prevención es restarle importancia a lo que expresa un niño.

Cuando un menor comunica que algo le preocupa, los adultos deben escuchar con atención y tomar la situación con seriedad.

Eso no significa sacar conclusiones apresuradas ni realizar interrogatorios.

Significa escuchar, proteger y buscar orientación adecuada cuando exista una preocupación real.

Un niño que siente que será escuchado tiene mayores posibilidades de comunicar una situación que le preocupa.

Por eso, crear confianza también forma parte de la prevención.

¿Qué señales deberían llamar la atención?

No existe una señal única que permita determinar por sí sola que un niño está siendo víctima de abuso.

Sin embargo, cambios importantes en su comportamiento pueden justificar que los adultos presten mayor atención.

Entre ellos pueden encontrarse cambios repentinos en:

  • conducta;
  • estado emocional;
  • rendimiento escolar;
  • hábitos de sueño;
  • relaciones con otras personas;
  • miedo hacia determinadas personas o lugares;
  • aislamiento;
  • comportamiento que no corresponde a su etapa de desarrollo.

Una señal aislada no constituye una prueba.

Pero cuando existen cambios preocupantes o el niño comunica directamente una situación de riesgo, no debe ignorarse el problema.

¿Qué debe hacer un adulto si un niño cuenta algo preocupante?

Lo primero es mantener la calma.

El adulto debe escuchar y evitar culpabilizar al menor.

Frases como “hiciste bien en contármelo” pueden ayudar al niño a sentirse escuchado y protegido.

También es importante evitar prometer secretos absolutos cuando existe un posible peligro para su integridad.

Ante una situación concreta de posible abuso o violencia, la familia debe buscar asistencia de las autoridades y profesionales competentes, siguiendo los mecanismos oficiales de protección de la infancia disponibles en República Dominicana.

La junta de vecinos puede acompañar y orientar, pero no debe sustituir a las autoridades ni realizar investigaciones por cuenta propia.

Ese límite es fundamental.

La comunidad también tiene responsabilidad

La protección infantil no puede quedar exclusivamente en manos de una familia.

Una comunidad organizada puede contribuir mediante:

  • charlas educativas;
  • actividades deportivas;
  • programas culturales;
  • espacios recreativos seguros;
  • orientación a padres y tutores;
  • capacitación de líderes comunitarios;
  • campañas de prevención;
  • coordinación con escuelas, fundaciones y autoridades.

Estas acciones no sustituyen las obligaciones legales de las instituciones públicas, pero pueden ayudar a fortalecer la prevención desde el territorio.

Recreación, cultura y protección

La jornada de Villa Mella Norte también incorporó actividades recreativas y culturales.

Los niños participaron en concursos, recibieron regalos y disfrutaron de presentaciones artísticas, incluyendo una exhibición de batón ballet infantil protagonizada por niños desde los cinco años.

La recreación tiene una importancia que muchas veces se subestima.

Un niño necesita espacios donde pueda jugar, aprender, desarrollar habilidades, relacionarse con otros y descubrir sus capacidades.

El deporte y la cultura pueden convertirse en herramientas de integración comunitaria y desarrollo infantil cuando se desarrollan en ambientes seguros y adecuados.

Las juntas de vecinos pueden convertirse en espacios de prevención

Una junta de vecinos no es una institución especializada en protección infantil.

Sin embargo, puede desempeñar una función comunitaria importante.

Puede ayudar a identificar necesidades, convocar a las familias, promover actividades educativas y establecer vínculos con organizaciones especializadas.

También puede contribuir a que los problemas de la comunidad sean conocidos por las instituciones correspondientes.

Pero debe existir una regla clara:

los dirigentes comunitarios deben orientar y canalizar; las autoridades y profesionales competentes deben investigar e intervenir los casos que correspondan.

Esto protege tanto a los niños como a las propias organizaciones comunitarias.

Una experiencia que puede repetirse

Lo ocurrido en Villa Mella Norte plantea una posibilidad que merece atención: que las actividades de prevención infantil no sean eventos aislados.

Una comunidad puede organizar durante el año diferentes iniciativas dirigidas a:

padres y madres,

niños y adolescentes,

maestros,

dirigentes comunitarios,

organizaciones sociales

y voluntarios.

La prevención funciona mejor cuando se convierte en una cultura permanente y no solamente en una actividad de un día.

Preguntas que toda comunidad debería hacerse

¿Los niños de nuestra comunidad saben a quién acudir si tienen un problema?

¿Los padres conocen las señales que deberían observar?

¿Existen espacios seguros para que los niños jueguen?

¿Las juntas de vecinos saben cómo canalizar una situación de posible riesgo?

¿Las escuelas, familias, organizaciones sociales y autoridades mantienen comunicación?

¿Tenemos actividades deportivas y culturales suficientes para nuestros niños?

¿Estamos educando a los menores sin generarles miedo?

Estas preguntas pueden ayudar a cada comunidad a identificar sus propias necesidades.

El compromiso comienza en el barrio

La protección de la infancia no depende únicamente de grandes instituciones.

También comienza en lugares pequeños: una familia que escucha, una escuela que orienta, una junta de vecinos que organiza, una fundación que educa, un vecino que presta atención y una comunidad que decide no permanecer indiferente.

La actividad desarrollada en Villa Mella Norte representa precisamente una experiencia de participación comunitaria en torno a un asunto que merece atención permanente: la protección de la niñez.

LA REFLEXIÓN DE: LAPLUMAPERSPICAZ.COM

Una comunidad puede tener problemas de calles, basura, agua, iluminación o infraestructura.

Pero existe una prioridad que no debería esperar:

la protección de sus niños.

Cada niño que aprende a pedir ayuda, cada padre que aprende a escuchar, cada dirigente que sabe cómo canalizar una situación y cada organización que crea un espacio seguro está contribuyendo, desde su propio lugar, a construir una comunidad más consciente.

Proteger a la niñez no significa vivir con miedo.

Significa crear confianza.

Significa educar.

Significa escuchar.

Significa actuar responsablemente cuando aparece una señal de peligro.

Y significa comprender que los niños no son solamente el futuro de una comunidad.

También son parte de su presente y merecen crecer en un entorno donde su dignidad y su seguridad sean respetadas.

CONCLUSIÓN

La jornada desarrollada por juntas de vecinos de Villa Mella Norte junto a la Fundación Huellas de Esperanza Comunitaria demuestra el valor que puede tener la participación comunitaria cuando se orienta hacia la educación y la prevención.

La experiencia deja una enseñanza que puede aplicarse más allá de un barrio determinado:

la protección de la niñez requiere la participación responsable de todos.

Familias, escuelas, organizaciones sociales, autoridades y comunidades tienen responsabilidades diferentes, pero pueden trabajar hacia un mismo propósito: que los niños encuentren espacios donde puedan aprender, jugar, desarrollarse y pedir ayuda cuando la necesiten.

Porque una comunidad que educa a sus niños está sembrando conocimiento.

Una comunidad que los escucha está construyendo confianza.

Y una comunidad que los protege está defendiendo su propio futuro.


La Pluma Perspicaz

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