LA LEY EN UNA GOMA:

 

¿QUIÉN MANDA EN LAS CALLES: ÉL ESTADO O ÉL MOTOCONCHO?

Redacción de la Laplumaperspicaz.com:   

   AUMENTA TENSIÓN EN SANTIAGO, luego de que la Federación de Mototaxis La Unión de la Zona Sur anunciara protestas y marchas para este lunes 18 de mayo, en rechazo a la disposición impulsada por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), que obligaría a los motoristas a utilizar dos cascos protectores y mantener sus documentos en regla. 

La convocatoria fue realizada por Manuel Jiménez, presidente de la Coordinación de Mototaxis del Cibao, quien afirmó que el sector está “cansado” del alto costo de los combustibles, las licencias y las nuevas exigencias oficiales.

Sin embargo, más allá del drama social y económico que vive el motoconchista dominicano, existe una realidad legal imposible de ignorar: 

el Estado dominicano sí tiene la obligación de regular el tránsito y proteger la vida de los ciudadanos. La Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial faculta al Intrant y a las autoridades competentes a establecer normas obligatorias para conductores y pasajeros, incluyendo el uso de casco protector, licencias, matrículas y medidas de seguridad vial. 

No se trata únicamente de recaudar dinero; también se trata de evitar muertes, amputaciones y tragedias que diariamente llenan hospitales y cementerios del país.

El problema es que el motoconcho se ha convertido en una fuerza social gigantesca y difícil de controlar. 

Miles de familias sobreviven gracias a una motocicleta, muchas veces sin seguro, sin placa, sin licencia y sin ninguna protección. En numerosos barrios y ciudades, el motoconcho es prácticamente el transporte del pobre. Y precisamente ahí nace el conflicto: cuando la pobreza se enfrenta con la ley. 

Pero en una democracia ningún sector, por numeroso o poderoso que sea, puede colocarse por encima de las normas del Estado. Ningún sindicato, federación o grupo puede decidir cuáles leyes acepta y cuáles no. 

Si mañana cada sector rechazara las reglas que le afectan, el país entraría en una peligrosa selva social donde cada quien haría lo que quiera.

DESDE LAPLUMAPERSPICAZ.COM:

 entendemos el sufrimiento del hombre humilde que sale desde las cinco de la mañana a “buscar el pan” sobre una motocicleta bajo sol, lluvia y peligro. Pero también entendemos que una nación no puede vivir “como chivo sin ley”, donde las reglas solo se cumplen cuando convienen.

 Regular no significa perseguir al pobre; significa intentar poner orden en un país donde los accidentes de tránsito han dejado luto, sangre y dolor en miles de hogares dominicanos.

 El verdadero desafío del Estado no es solamente exigir cascos y papeles, sino crear condiciones humanas y económicas para que el trabajador informal pueda cumplir la ley sin morirse de hambre en el intento.


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