Por: genil cuesta feliz | laplumaperspicaz. ☆☆☆☆☆.
"UN CAMBIO DE PARADIGMA"
EL DECRETO 384-26 SOBRE LOS SERVICIOS PROACTIVOS: impulsa una nueva forma de prestar los servicios públicos: un Estado que busca al ciudadano antes de que este tenga que tocar sus puertas. ¿Qué significa realmente para los adultos mayores, las personas con discapacidad, las familias y los líderes comunitarios? 》》》.
Durante décadas, la relación entre el ciudadano y el Estado dominicano ha sido prácticamente la misma: cuando una persona necesita un servicio público, debe averiguar dónde ir, qué documentos llevar, hacer filas, regresar varias veces y, en muchos casos, recorrer distintas instituciones para obtener una respuesta.
Con la aprobación del reglamento que establece la Estrategia Nacional para convertir los servicios públicos en proactivos, esa lógica comienza a cambiar.
No se trata simplemente de digitalizar trámites. El cambio es mucho más profundo: el Estado pretende dejar de reaccionar ante las solicitudes de los ciudadanos para comenzar a anticiparse a sus necesidades.
Ese cambio, aunque parece técnico, puede convertirse en una de las transformaciones más importantes de la administración pública dominicana en las próximas décadas.
¿Qué significa un servicio público proactivo?
Explicado en palabras sencillas, significa que el Estado utilizará la información que ya posee —siempre dentro del marco legal y con protección de los datos personales— para identificar cuándo una persona tiene derecho a un servicio y facilitarle el acceso, sin obligarla a iniciar desde cero todo el proceso.
En otras palabras:
Antes el ciudadano perseguía al Estado.
Ahora el Estado deberá salir a buscar al ciudadano.
Ese simple cambio modifica completamente la relación entre ambos.
Lo que comenzará a percibir la población
Muchos ciudadanos creen que este reglamento significa que el Gobierno entregará nuevos subsidios o beneficios económicos.
No es exactamente así.
El reglamento no crea nuevos derechos; crea una nueva forma de hacer llegar los derechos que ya existen.
Y eso puede producir cambios muy concretos en la vida diaria.
Cuando nace un niño
En lugar de que los padres tengan que recorrer varias oficinas, el Estado podrá activar procesos relacionados con el registro del nacimiento, orientar sobre vacunación, programas de salud infantil y otros servicios disponibles.
El tiempo de espera disminuye.
La incertidumbre también.
Cuando un niño alcanza la edad escolar
Las familias podrían recibir información oportuna sobre inscripción escolar, programas educativos, alimentación escolar y otros servicios vinculados con la educación.
Muchas familias dejarán de enterarse demasiado tarde.
Los adultos mayores
Quizá sean uno de los grupos más beneficiados.
Muchas personas mayores desconocen los programas sociales existentes o no tienen fuerza física para realizar múltiples diligencias.
Con un sistema proactivo, el Estado podrá identificar cuándo una persona alcanza la edad requerida para determinados programas y orientarla oportunamente.
Eso significa menos viajes.
Menos filas.
Menos gastos.
Menos obstáculos.
Para un adulto mayor, evitar cinco visitas a una institución puede representar mucho más que comodidad: puede representar dignidad.
Personas con discapacidad
Actualmente muchas personas enfrentan enormes barreras físicas y administrativas.
Un modelo proactivo puede reducir significativamente esas dificultades.
El sistema podrá facilitar información, coordinar servicios, evitar desplazamientos innecesarios y simplificar procedimientos.
La discapacidad dejaría de convertirse en una barrera para acceder al Estado.
Madres solteras
Muchas mujeres deben dedicar horas enteras a resolver trámites mientras cuidan a sus hijos.
Si buena parte de esos procesos se automatiza, podrán dedicar ese tiempo a trabajar, estudiar o compartir con su familia.
Familias de escasos recursos
Cada visita a una oficina pública implica dinero.
Pasaje.
Comida.
Fotocopias.
Pérdida de un día de trabajo.
Al disminuir los trámites, también disminuye el costo de ser pobre.
Y ese es un beneficio que pocas veces se menciona.
Personas que viven lejos de las ciudades
Quienes residen en comunidades rurales suelen invertir varias horas para realizar una sola gestión.
Con servicios más automatizados, muchas diligencias podrán resolverse con menos desplazamientos.
Esto representa mayor equidad territorial.
Personas enfermas
Quienes padecen enfermedades crónicas muchas veces encuentran enormes dificultades para trasladarse.
Un Estado que se comunica con el ciudadano en lugar de esperar que este acuda personalmente representa un cambio profundamente humano.
Jóvenes
Muchos jóvenes desconocen becas, programas de capacitación, oportunidades laborales o iniciativas gubernamentales.
La estrategia permitirá acercar esa información de manera más oportuna.
El verdadero beneficio no es económico
El mayor beneficio quizá no sea recibir dinero.
Será recuperar tiempo.
Y el tiempo es uno de los bienes más valiosos que posee cualquier persona.
Miles de horas que hoy se pierden en filas podrían destinarse a trabajar, estudiar, emprender o compartir con la familia.
El nuevo papel de los líderes comunitarios
Aquí aparece uno de los cambios menos comentados.
Durante décadas, gran parte del liderazgo comunitario se ha convertido en gestor de papeles.
Cartas.
Certificaciones.
Referimientos.
Sellos.
Firmas.
Intermediaciones.
Si el Estado comienza a prestar servicios proactivos, ese modelo cambia.
El dirigente comunitario dejará de ser un tramitador para convertirse en un verdadero líder social.
Su función será otra.
Educar.
Orientar.
Fiscalizar.
Acompañar.
Verificar que nadie quede excluido.
Explicar cómo funcionan los nuevos servicios.
Detectar errores.
Defender derechos.
El liderazgo comunitario pasará de resolver problemas individuales a construir soluciones colectivas.
Ese es un salto de enorme importancia.
También existirán desafíos
Ninguna transformación está libre de riesgos.
El éxito dependerá de varios factores:
Bases de datos actualizadas.
Protección estricta de la privacidad.
Transparencia institucional.
Seguridad informática.
Capacitación de los servidores públicos.
Inclusión de quienes no utilizan internet.
Mecanismos rápidos para corregir errores cuando ocurran.
Si alguno de estos elementos falla, el sistema perderá credibilidad.
La reflexión de LaPlumaPerspicaz.com
Toda gran transformación del Estado comienza con una pregunta sencilla: ¿para quién existe el gobierno?
Si la respuesta es "para servir al ciudadano", entonces no tiene sentido que millones de personas sigan gastando tiempo, dinero y energías demostrando una y otra vez quiénes son y qué derechos tienen.
Un Estado moderno no debería obligar al ciudadano a perseguir soluciones. Debería tener la capacidad de acercarlas con eficiencia, respeto y sensibilidad humana.
Sin embargo, el verdadero éxito de esta estrategia no se medirá por la cantidad de plataformas digitales, decretos o tecnologías implementadas. Se medirá por algo mucho más simple: el día en que un adulto mayor no tenga que hacer una fila interminable para acceder a un derecho; cuando una persona con discapacidad pueda recibir atención sin recorrer media ciudad; cuando una madre no pierda un día de trabajo por un trámite; cuando un joven conozca una oportunidad antes de que sea demasiado tarde; y cuando ningún dominicano sienta que la burocracia es un muro entre él y el Estado.
Desde LaPlumaPerspicaz.com entendemos que este reglamento no representa únicamente una reforma administrativa. Representa un cambio de cultura institucional. Es el paso de un Estado que espera ser buscado a un Estado que aprende a buscar a sus ciudadanos.
Pero también representa un desafío para el liderazgo comunitario. El dirigente del siglo XXI ya no podrá limitarse a gestionar cartas y expedientes. Tendrá que convertirse en un educador cívico, un vigilante del cumplimiento de los derechos y un promotor de la inclusión digital. Su mayor aporte no será abrir puertas en las oficinas públicas, sino ayudar a que ninguna familia quede fuera de un Estado que promete ser más cercano.
La verdadera modernización no ocurre cuando un trámite pasa del papel a una computadora. Ocurre cuando el ciudadano siente, por primera vez, que las instituciones trabajan para él y no al revés. Ese será el verdadero indicador del éxito de esta política pública. Si ese objetivo se alcanza, la República Dominicana no solo habrá modernizado sus servicios: habrá dado un paso decisivo hacia una democracia más eficiente, más humana y más justa para todos.
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