Por: Genil Cuesta feliz | laplumaperspicaz. ☆☆☆☆☆.
ENVEJECER ES PARTE DE LA VIDA; garantizar una vejez digna es un compromiso de toda la sociedad. ¿Está la República Dominicana preparada para este desafío? 》》》.
La República Dominicana está viviendo una transformación. Cada año aumenta la esperanza de vida, crece la población adulta mayor y surge una pregunta que ya no puede seguir posponiéndose: ¿estamos construyendo un país preparado para envejecer con dignidad?
Mientras gran parte del debate nacional se concentra en la economía, la infraestructura, la seguridad o la política, existe un fenómeno que avanza sin hacer ruido y que transformará profundamente la sociedad dominicana durante las próximas décadas: el envejecimiento de la población.
No se trata de una predicción. Es una realidad demográfica respaldada por estudios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y otros organismos internacionales. Gracias a los avances en la medicina, las vacunas, la nutrición y las condiciones de vida, las personas viven más años que nunca. Esta es una excelente noticia, pero también representa un enorme desafío para los Estados y las familias.
En ese contexto, la República Dominicana fue sede del seminario iberoamericano "Del Edadismo al Respeto", un encuentro que reunió especialistas de varios países para intercambiar experiencias sobre la protección de los derechos de las personas mayores. El evento recuerda que el envejecimiento ya no es un tema exclusivo de las familias: es un asunto de política pública y de desarrollo nacional.
El edadismo: una forma de discriminación poco visible
Muchas personas han escuchado hablar del racismo o del sexismo, pero pocas conocen el término edadismo.
El edadismo consiste en discriminar, excluir o tratar de manera diferente a una persona únicamente por su edad. Puede manifestarse mediante burlas, abandono, maltrato, exclusión del mercado laboral o la falsa creencia de que toda persona mayor deja de ser útil para la sociedad.
La OMS ha advertido que esta forma de discriminación afecta la salud física y emocional de millones de adultos mayores y limita su participación activa en la comunidad.
Combatir el edadismo significa reconocer que la experiencia, el conocimiento y los valores acumulados durante toda una vida continúan siendo un patrimonio invaluable para cualquier nación.
Un país que debe prepararse desde ahora
Envejecer no debería convertirse en un problema.
El verdadero problema aparece cuando un país no prepara sus instituciones para responder a esa nueva realidad.
El aumento de la población adulta mayor exige fortalecer los servicios de salud, ampliar la atención geriátrica, garantizar medicamentos oportunos, desarrollar programas de prevención, adaptar los espacios públicos, mejorar la accesibilidad y promover sistemas de cuidados para quienes pierden autonomía.
También implica fortalecer las pensiones, facilitar la inclusión digital de los adultos mayores y promover oportunidades para que continúen participando en la vida social, cultural y comunitaria.
La familia sigue siendo el primer hogar del adulto mayor
En la República Dominicana, la familia continúa siendo el principal soporte de las personas mayores.
Sin embargo, los cambios sociales también están modificando esa realidad. Familias más pequeñas, migración, jornadas laborales extensas y el aumento del costo de vida hacen que muchas personas enfrenten dificultades para brindar el cuidado que sus padres o abuelos necesitan.
Por ello, los especialistas coinciden en que el cuidado de los adultos mayores debe ser una responsabilidad compartida entre la familia, la comunidad, el Estado y la sociedad civil.
¿Qué programas existen en la República Dominicana?
El principal organismo responsable de las políticas dirigidas a los adultos mayores es el Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE).
Entre sus principales funciones se encuentran:
Protección de los derechos de las personas mayores.
Recepción y seguimiento de denuncias por abandono o maltrato.
Programas de asistencia social.
Hogares de día y centros de atención residencial.
Orientación jurídica y psicológica.
Promoción del envejecimiento activo.
Coordinación de políticas públicas relacionadas con la población envejeciente.
Estas iniciativas representan avances importantes. Sin embargo, el crecimiento continuo de la población adulta mayor exigirá ampliar la cobertura, fortalecer los servicios y garantizar que lleguen a todas las provincias del país.
Lo que podemos aprender de otros países
Naciones como España, Uruguay y otros países iberoamericanos han desarrollado estrategias para promover ciudades más amigables con las personas mayores, mejorar la atención domiciliaria, combatir el aislamiento y fomentar el envejecimiento activo.
Estas experiencias demuestran que preparar un país para envejecer no significa únicamente aumentar el presupuesto destinado a la salud. También implica construir comunidades donde los adultos mayores puedan seguir participando, aprendiendo, enseñando y viviendo con independencia el mayor tiempo posible.
Una inversión en humanidad
Con frecuencia se piensa que invertir en los adultos mayores es únicamente un gasto social.
En realidad, es una inversión en humanidad.
Toda sociedad que protege a quienes construyeron su presente está sembrando el respeto que recibirán las generaciones futuras.
El desarrollo no puede medirse solamente por el crecimiento económico o por la cantidad de obras construidas. También debe medirse por la forma en que una nación trata a quienes dedicaron su vida al trabajo, a la familia y al progreso del país.
La reflexión de La Pluma Perspicaz
En La Pluma Perspicaz creemos que la grandeza de una nación no se mide únicamente por sus carreteras, edificios o indicadores económicos. También se refleja en la manera en que trata a sus adultos mayores.
Ellos no representan el pasado; representan la memoria viva de la República Dominicana. Sus experiencias, sacrificios y enseñanzas forman parte del patrimonio moral del país.
Prepararnos para una sociedad que envejece no es una opción. Es una responsabilidad que comienza hoy, porque todos, si la vida lo permite, aspiramos a llegar a esa etapa con dignidad, respeto y protección.
Conclusión
La República Dominicana está entrando en una nueva etapa de su historia demográfica. El aumento de la esperanza de vida constituye un logro que merece celebrarse, pero también exige nuevas respuestas del Estado, de las instituciones y de la sociedad.
Construir un país donde envejecer no signifique aislamiento, abandono o discriminación será uno de los mayores desafíos de las próximas décadas.
Porque una nación verdaderamente desarrollada no solo crea oportunidades para los jóvenes; también garantiza que quienes entregaron su vida al progreso nacional puedan vivir sus últimos años con seguridad, respeto y la dignidad que merecen.
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