Por: Genil Cuesta feliz | laplumaperspicaz. ☆☆☆☆☆.
EL DESARROLLO, Y EL PROGRESO TAMBIÉN DEBE LLEGAR A LAS CALLES DE LOS BARRIOS. 》》》.
Cada vez que el Congreso Nacional aprueba un préstamo multimillonario para construir carreteras, elevados, túneles o modernizar la infraestructura vial del país, la noticia suele presentarse como un paso hacia el desarrollo. Y, en efecto, mejorar la movilidad nacional es una necesidad. Carreteras más seguras reducen accidentes, facilitan el comercio, fortalecen el turismo y elevan la competitividad de la economía.
Sin embargo, mientras esas grandes obras avanzan, millones de dominicanos continúan viviendo una realidad muy distinta al cruzar la entrada de sus barrios.
Calles destruidas, sin asfalto, sin aceras, sin contenes, con drenajes insuficientes, cañadas sin intervenir y escasa iluminación forman parte del paisaje cotidiano de numerosas comunidades del Gran Santo Domingo y de otras provincias del país. Para quienes viven allí, el desarrollo parece detenerse justo donde comienzan sus sectores.
La reciente aprobación de un préstamo de aproximadamente US$200 millones (unos RD$11,600 millones) para fortalecer la seguridad vial y mejorar corredores estratégicos abre una reflexión que merece ser discutida con serenidad: ¿por qué no impulsar también un gran programa nacional de financiamiento destinado exclusivamente a la infraestructura vial de los barrios?
No se trata de enfrentar las grandes avenidas contra las calles comunitarias. Ambas son necesarias. Una conecta ciudades; la otra conecta la vida diaria de las personas.
Los barrios también son infraestructura nacional
Con frecuencia, la planificación pública concentra sus mayores inversiones en las vías principales porque son las más transitadas y visibles. Sin embargo, el verdadero impacto de una infraestructura no comienza únicamente donde circulan miles de vehículos; también empieza donde miles de familias viven, trabajan, estudian y construyen su futuro.
Una calle en mal estado no representa solamente un problema de comodidad.
Es una ambulancia que tarda más en llegar.
Es un camión de basura que enfrenta dificultades para entrar.
Es un estudiante que camina entre lodo cuando llueve.
Es un comerciante que pierde clientes.
Es una vivienda cuyo valor disminuye.
Es una comunidad que siente que el progreso siempre pasa cerca, pero rara vez entra.
Obras que comienzan… y luego se detienen
En distintos sectores del país, especialmente dentro de barrios populares, los residentes han observado una situación que genera preocupación: proyectos que inician con entusiasmo, maquinaria trabajando durante algunas semanas y, posteriormente, una paralización que puede extenderse durante meses e incluso años.
Las explicaciones oficiales pocas veces llegan con la claridad que esperan las comunidades.
Mientras tanto, los equipos desaparecen, los contratistas abandonan temporalmente las obras y los ciudadanos continúan esperando respuestas.
La incertidumbre termina siendo casi tan perjudicial como el propio deterioro de las calles.
Una inversión que transforma mucho más que el pavimento
Cuando se habla de asfaltar un barrio, muchas personas piensan únicamente en colocar una capa de mezcla asfáltica.
Pero una intervención integral significa mucho más.
Implica construir aceras y contenes que protejan al peatón.
Resolver problemas de drenaje que provocan inundaciones.
Mejorar la iluminación para aumentar la seguridad.
Facilitar el acceso de los servicios de emergencia.
Crear mejores condiciones para el transporte público.
Impulsar el comercio local.
Reducir los costos de mantenimiento de los vehículos.
Incrementar el valor de las propiedades.
En otras palabras, una calle bien construida puede convertirse en un motor de desarrollo social y económico para toda una comunidad.
¿Y si existiera un Plan Nacional para los Barrios?
Así como el Estado diseña programas especiales para grandes corredores viales, también podría estudiarse la creación de un programa nacional permanente dirigido exclusivamente a intervenir las calles internas de los barrios.
No sería una obra para una sola ciudad.
Sería una política pública de alcance nacional.
Un plan que establezca prioridades técnicas, criterios transparentes de selección, cronogramas públicos de ejecución y seguimiento ciudadano.
De esa manera, las comunidades conocerían cuándo les corresponde su turno y podrían evaluar el avance de los proyectos con información clara.
El desarrollo también debe sentirse donde vive la gente
Los barrios no piden privilegios.
Piden condiciones dignas para vivir.
El desarrollo de un país no puede medirse únicamente por la longitud de sus túneles, elevados o autopistas. También debe medirse por la calidad de las calles donde los niños juegan, donde los adultos mayores caminan y donde miles de familias comienzan cada mañana su jornada.
Invertir en infraestructura comunitaria no significa detener las grandes obras nacionales.
Significa completar la visión del desarrollo.
Porque un país verdaderamente moderno no solo conecta provincias mediante autopistas; también conecta oportunidades dentro de cada barrio.
LA REFLEXIÓN DE LA PLUMA PERSPICAZ. COM
Si el Estado puede gestionar un préstamo de aproximadamente RD$11,600 millones para fortalecer la seguridad vial en las grandes carreteras, también podría estudiar un programa similar para transformar las calles de los barrios. Tomando como referencia costos promedio de proyectos de asfaltado urbano en la República Dominicana y otros países de la región,
una inversión de esa magnitud podría permitir la intervención de cientos de kilómetros de calles, suficientes para asfaltar desde cero entre 200 y 300 barrios si cada uno tuviera un promedio de dos a dos kilómetros y medio de vías internas, dependiendo de las condiciones del terreno, el drenaje, las aceras, los contenes y demás obras complementarias.
Los dominicanos que viven en esos barrios también contribuyen con sus impuestos al pago de los préstamos que asume el Estado. Por eso, resulta legítimo preguntarse si ha llegado el momento de que el Congreso Nacional y el Gobierno impulsen un gran Plan Nacional de Asfaltado e Infraestructura para los Barrios, con recursos suficientes, planificación transparente y plazos definidos.
El desarrollo no debería detenerse en las avenidas principales; también debe llegar hasta la última calle donde vive la gente. Allí también hay ciudadanos que trabajan, estudian, emprenden y sueñan con una comunidad digna. Porque un país verdaderamente desarrollado no solo construye grandes carreteras: también construye mejores barrios para quienes las sostienen cada día.
En conclusión. Cada préstamo público representa una decisión sobre el país que queremos construir. Las grandes vías impulsan la economía, pero las calles de los barrios sostienen la vida cotidiana de millones de dominicanos. Tal vez haya llegado el momento de que ambas prioridades avancen con la misma determinación, para que el desarrollo deje de ser una promesa visible desde la carretera y se convierta en una realidad palpable en cada comunidad.
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