Por Genil Cuesta Feliz | La Pluma Perspicaz. ☆☆☆☆☆. LA ELECCIÓN DE JUAN GARRIGO COMO SECRETARIO GENERAL DEL PRM ¿ES RENOVACIÓN GENERACIONAL, O CONTINUIDAD POLÍTICA ? 》》》.
Hay acontecimientos políticos que pueden explicarse en unas pocas líneas.
Y hay otros que necesitan mirar hacia atrás para comprender lo que acaba de suceder.
La decisión tomada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) este domingo 9 de agosto de 2026 fue una buena jugada actual.
La organización escogió mediante una plancha unitaria a sus nuevas autoridades nacionales, con Luis Abinader como presidente del partido y Juan Garrigó Mejía como secretario general, mientras Deligne Ascención asumió una posición central en la nueva estructura y Gloria Reyes fue escogida para la Secretaría Nacional de Organización. La plancha fue aprobada por aclamación.
A primera vista, podría parecer simplemente una renovación de autoridades partidarias.
Pero no lo es.
Porque el nuevo secretario general del PRM es hijo de Carolina Mejía y nieto del expresidente Hipólito Mejía.
Y aquí comienza una historia política que atraviesa tres generaciones.
Hipólito. Carolina. Juan Garrigó.
Tres nombres.
Tres generaciones.
Una misma corriente política.
Y una pregunta inevitable:
¿Estamos viendo el nacimiento de una nueva generación de poder dentro del PRM?
Para entender el presente hay que regresar al PRD
La historia del Partido Revolucionario Moderno no puede separarse completamente de la historia del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
En 1963, Juan Bosch llegó a la Presidencia de la República bajo las siglas del PRD, en un momento histórico de enorme trascendencia para la democracia dominicana.
Su gobierno, sin embargo, apenas duró siete meses.
El golpe de Estado de septiembre de 1963 abrió una de las etapas más traumáticas de la historia democrática dominicana.
Después vendrían años de oposición, reorganización, divisiones internas, nuevas victorias y nuevas derrotas.
En 1978, el PRD volvió al Palacio Nacional con Antonio Guzmán Fernández.
En 1982, volvió a ganar con Salvador Jorge Blanco.
Pero cuatro años después perdió el poder.
La historia se repetiría posteriormente.
En el año 2000, el PRD regresó a la Presidencia con Hipólito Mejía.
Y en 2004 volvió a quedar fuera del Gobierno.
El problema no fue solamente electoral.
El viejo perredeísmo tuvo durante décadas una relación complicada con sus propias divisiones internas.
El partido que había demostrado una enorme capacidad para llegar al poder también había demostrado una extraordinaria dificultad para conservar la unidad cuando estaba dentro o cerca del poder.
La ruptura que dio origen al PRM
Por eso es importante hacer una precisión.
El Partido Revolucionario Moderno no es simplemente el PRD con otro nombre.
El PRM nació en 2014, después de una profunda ruptura dentro del antiguo PRD, y se convirtió posteriormente en la principal plataforma política de Luis Abinader y de otros dirigentes provenientes de esa tradición.
En 2020, esa nueva organización llegó al poder con Luis Abinader.
La victoria no fue solamente la llegada de un nuevo presidente.
Fue también el regreso al Gobierno de una parte importante de la tradición política que había acompañado al PRD durante décadas, pero bajo una nueva organización.
Y dentro de esa transformación tuvo un papel fundamental Hipólito Mejía.
Hipólito Mejía y la construcción de una nueva generación
Hipólito Mejía no solamente fue presidente de la República entre 2000 y 2004.
También se convirtió en uno de los dirigentes históricos alrededor de los cuales se articuló una parte importante de la estructura que posteriormente desembocaría en el PRM.
Su influencia no desapareció después de abandonar el Palacio Nacional.
Por el contrario.
Su apellido continuó teniendo presencia en la política dominicana a través de su hija Carolina Mejía.
Carolina se convirtió en una de las figuras más importantes del PRM y fue secretaria general de la organización durante varios años. El propio partido registra su trayectoria y su vínculo familiar con Hipólito Mejía.
En 2020, además, Carolina hizo historia al convertirse en la primera mujer en ocupar la Alcaldía del Distrito Nacional.
Pero su carrera no quedó reducida a ser la hija de un expresidente.
Construyó su propio espacio político.
Su nombre comenzó a adquirir peso dentro del PRM.
Y con el paso de los años apareció una nueva figura:
Juan Garrigó Mejía.
Su hijo.
El nieto de Hipólito.
Y ahora aparece la tercera generación
La elección de Juan Garrigó como secretario general cambia la dimensión de esta historia.
No porque un apellido garantice una posición política.
Eso sería una conclusión demasiado fácil.
Sino porque por primera vez una misma familia ocupa posiciones relevantes dentro de la estructura partidaria a través de tres generaciones.
Hipólito fue presidente de la República.
Carolina fue secretaria general del PRM, alcaldesa del Distrito Nacional. Y aspirante a candidata presidencial dentro de esta organización política.
Y ahora Juan Garrigó llega a la Secretaría General Nacional del partido.
La trayectoria de Garrigó tampoco comenzó este domingo.
El decreto presidencial 330-20 lo designó en 2020 como viceministro de Gestión Social y Comunitaria del Ministerio Administrativo de la Presidencia.
Además, su participación dentro del PRM viene de años atrás. En 2018, cuando Carolina Mejía era secretaria general, la Junta Central Electoral registraba a Juan Garrigó como asistente político de la Secretaría General del partido.
Es decir:
no estamos ante una figura que apareció de repente para ocupar una posición partidaria.
Existe una trayectoria.
Pero también existe algo imposible de ignorar:
existe un apellido.
¿Es una herencia política?
Aquí comienza la parte más delicada del análisis.
En política, una cosa es heredar un apellido y otra muy distinta es heredar legitimidad.
El apellido puede abrir puertas.
Pero no garantiza que el ciudadano las mantenga abiertas.
Hipólito Mejía ha defendido públicamente la trayectoria de su nieto después de la elección y sostuvo que el respeto político no se hereda, sino que se construye con trabajo y trayectoria.
Esa afirmación merece atención.
Porque plantea una discusión válida:
¿Hasta dónde puede llegar una persona por su propio mérito cuando nace dentro de una familia políticamente poderosa?
No existe una respuesta sencilla.
Un hijo de un político puede tener capacidades reales.
Puede estudiar.
Puede trabajar.
Puede demostrar liderazgo.
Puede ganar elecciones.
Puede fracasar.
Puede triunfar.
Pero también es cierto que no comienza desde el mismo punto que alguien completamente desconocido para la política.
Tiene acceso a contactos.
Tiene conocimiento del funcionamiento interno.
Tiene reconocimiento del apellido.
Tiene una historia familiar detrás.
Eso no significa automáticamente que no tenga mérito.
Pero tampoco significa que el apellido no tenga importancia.
La política dominicana y el fenómeno de las familias
Lo ocurrido en el PRM no sucede en un vacío.
La política dominicana ha conocido numerosas familias cuyos apellidos han permanecido durante décadas dentro de la vida pública.
Presidentes, ministros, legisladores, alcaldes, dirigentes partidarios e hijos o nietos de antiguos dirigentes han aparecido sucesivamente en diferentes escenarios.
Por eso, la llegada de Garrigó obliga a plantear una pregunta más amplia:
¿Está la política dominicana entrando en una etapa en la que el poder partidario comienza a transmitirse de generación en generación?
No se trata únicamente de los Mejía.
La pregunta puede extenderse a otros sectores políticos.
Y ahí es donde este fenómeno adquiere importancia democrática.
Porque una democracia necesita renovación, pero también necesita experiencia.
Necesita jóvenes que lleguen.
Pero también necesita que esos jóvenes tengan que demostrar que pueden caminar con sus propios pies.
El PRM enfrenta ahora un desafío diferente
Hay otro elemento que hace especialmente importante la decisión de este domingo.
Luis Abinader encabezará ahora el partido.
El PRM acaba de escoger una dirección nacional mediante consenso.
Y la nueva estructura tendrá la responsabilidad de conducir a la organización durante un período que llega hasta 2030, según los reportes sobre la reforma interna aprobada.
Pero el gran horizonte político está más cerca:
2028.
Abinader no podrá volver a aspirar a la Presidencia después de sus dos períodos consecutivos.
Por tanto, el PRM tendrá que enfrentar una transición política de enorme importancia.
El partido deberá encontrar una figura capaz de mantener la organización unida y competir por la continuidad del proyecto político.
En ese escenario, cada posición interna adquiere un valor mucho mayor.
La Secretaría General no es decorativa.
Es una de las principales piezas de la maquinaria partidaria.
Quien la ocupa tiene contacto con dirigentes, bases, estructuras territoriales y procesos internos.
Por eso, la elección de Juan Garrigó tiene una lectura que va mucho más allá del cargo.
¿Puede Juan Garrigó construir una identidad propia?
Esta podría ser la verdadera prueba.
Porque ahora tendrá que demostrar que puede ser algo más que:
el nieto de Hipólito Mejía.
Y algo más que:
el hijo de Carolina Mejía.
La política le impondrá una prueba inevitable:
¿Quién es Juan Garrigó cuando se apaga el apellido?
Esa será su verdadera batalla.
Tendrá que demostrar capacidad de organización.
Tendrá que construir relaciones propias.
Tendrá que convencer a dirigentes que no pertenecen a su corriente.
Tendrá que hablar con las bases.
Tendrá que enfrentar críticas.
Tendrá que tomar decisiones.
Y, sobre todo, tendrá que asumir responsabilidades que ya no podrán explicarse únicamente por su parentesco.
Porque mientras más alta es la posición, más grande es la obligación de demostrar que se merece.
El legado de Hipólito: ¿continuidad o renovación?
La historia puede interpretarse de dos maneras.
Una lectura dirá:
Hipólito Mejía ha conseguido preservar su influencia política a través de su hija y ahora de su nieto.
Otra dirá:
Una nueva generación está tomando el relevo de una generación anterior.
Ambas interpretaciones pueden tener algo de verdad.
Porque un legado político no necesariamente significa control absoluto.
A veces significa simplemente que una familia logra transmitir experiencia, relaciones, valores, contactos y una cultura política a sus descendientes.
El problema aparece cuando el legado se transforma en privilegio permanente.
Ahí la democracia comienza a tener preguntas que no puede ignorar.
El gran dilema del PRM: familia política o partido moderno
Aquí aparece una contradicción interesante.
El nombre del partido contiene una palabra que resume una de sus promesas históricas:
Moderno.
Pero la política moderna no puede consistir únicamente en cambiar nombres, estructuras o dirigentes.
También debe significar renovación de prácticas.
Un partido moderno debería permitir que una persona llegue por su capacidad, independientemente de su apellido.
Pero también debería impedir que el apellido se convierta en una barrera para quienes vienen desde abajo.
La verdadera modernidad partidaria consiste en que el mérito tenga más peso que la genealogía.
Si Garrigó triunfa, deberá hacerlo bajo esa lógica.
Si fracasa, tampoco debería atribuirse automáticamente su fracaso a su apellido.
La política seria debe juzgar a las personas por lo que hacen.
Lo ocurrido este domingo no termina con una elección
La elección de Juan Garrigó apenas comienza una nueva historia.
A partir de ahora habrá que observar qué hace con el cargo.
¿Logrará fortalecer las bases?
¿Conseguirá mantener unido al partido?
¿Construirá puentes entre las diferentes corrientes?
¿Será capaz de representar a quienes no pertenecen al grupo político de su familia?
¿Podrá convertirse en un dirigente nacional con identidad propia?
Esas preguntas tendrán respuestas con el tiempo.
Y quizás entonces podamos determinar si lo ocurrido en 2026 fue simplemente una continuidad familiar o el comienzo de una nueva generación política.
Una lección que va más allá del PRM
La historia tiene una enseñanza que no debería limitarse a los militantes del partido oficialista.
En cualquier democracia, las familias pueden participar en política.
No existe nada ilegítimo en que un hijo siga la vocación pública de su padre o que un nieto decida continuar una tradición familiar.
Lo que la democracia debe garantizar es que el apellido no sustituya al mérito.
Que la familia no sustituya a las instituciones.
Que la cercanía política no sustituya la voluntad de las bases.
Y que los ciudadanos conserven siempre el derecho de juzgar a cada generación por sus propios resultados.
Porque si una persona recibe una oportunidad gracias a su apellido, la sociedad tiene derecho a exigirle todavía más.
Reflexión de La Pluma Perspicaz
La política tiene una memoria extraña.
A veces los apellidos sobreviven a los gobiernos.
Los presidentes pasan.
Los partidos cambian.
Las organizaciones se dividen.
Las banderas se transforman.
Pero determinados nombres permanecen.
Y cuando un apellido político llega a una tercera generación, la historia deja de ser solamente familiar.
Se convierte en un fenómeno político.
Hipólito Mejía pertenece a una generación que conoció las grandes batallas del viejo perredeísmo.
Carolina Mejía pertenece a una generación que participó en la construcción del PRM y en su llegada al poder.
Juan Garrigó representa ahora una generación que tendrá que demostrar si puede construir algo diferente con la herencia recibida.
Ahí está el verdadero desafío.
Porque un legado puede ser una plataforma, pero nunca debería convertirse en una garantía.
El abuelo puede entregar la historia.
La madre puede entregar la experiencia.
Pero el nieto tendrá que construir su propio nombre.
Y eso es precisamente lo que la democracia debería exigirle a toda persona que aspire a ejercer poder:
No que renuncie a su apellido.
No que esconda de dónde viene.
Sino que demuestre hacia dónde puede llevar a los demás.
En Conclusión:
el apellido abre la puerta; la historia decidirá quién puede permanecer
La elección de Juan Garrigó como secretario general del PRM es mucho más que un cambio administrativo dentro de un partido.
Es la aparición pública de una tercera generación de una familia profundamente vinculada a la política dominicana contemporánea.
Hipólito Mejía.
Carolina Mejía.
Juan Garrigó.
El tiempo dirá si esta continuidad se convierte en una verdadera dinastía política o simplemente en el tránsito natural de una familia que ha participado durante décadas en la vida pública.
Lo que sí puede afirmarse es que el PRM entra en una etapa decisiva.
Luis Abinader queda al frente de la organización.
Juan Garrigó ocupa una de sus posiciones centrales.
Carolina Mejía deja la Secretaría General para concentrarse en su propio proyecto político.
Y el partido deberá prepararse para una sucesión presidencial en 2028 sin la posibilidad de llevar nuevamente a Abinader como candidato presidencial.
Ese escenario convierte cada movimiento interno en una pieza de un tablero mucho mayor.
Por eso, más que preguntar si Hipólito Mejía dejó su legado en su nieto, quizá deberíamos formular una pregunta diferente:
¿Será Juan Garrigó capaz de convertir un legado familiar en un liderazgo propio?
La respuesta no la dará el apellido.
No la dará el abuelo.
No la dará la madre.
No la dará siquiera el PRM.
La dará el tiempo, la política y, finalmente, la sociedad dominicana.
Porque en democracia, la verdadera herencia no es un cargo.
La verdadera herencia es la confianza de los ciudadanos.
Y esa, por fortuna, no se puede heredar.
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