SALUD MENTAL: la crisis que afecta al mundo y que República Dominicana no puede seguir tratando como un problema secundario
Por: Genil Cuesta Féliz | laplumaperspicaz.
Más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental. El desafío no consiste solamente en aumentar el número de psicólogos y psiquiatras, sino en construir una sociedad capaz de prevenir el sufrimiento, detectar las señales de alarma a tiempo y garantizar atención digna, accesible y continua
La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos sanitarios y sociales del siglo XXI. Durante décadas, muchas sociedades trataron la depresión, la ansiedad, las adicciones, los trastornos graves y las crisis emocionales como asuntos privados que debían resolverse dentro de la familia. Esa visión ha comenzado a cambiar, pero el cambio todavía no avanza con la velocidad que exige la realidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2021 aproximadamente 1.1 mil millones de personas, casi una de cada siete personas en el mundo, vivían con algún trastorno mental. Los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los más frecuentes.
La magnitud del problema obliga a cambiar la pregunta. Ya no basta con preguntarnos cuántas personas necesitan atención psicológica o psiquiátrica. Hay que preguntarnos qué estamos haciendo para evitar que millones de personas lleguen a una crisis, cómo detectamos el sufrimiento antes de que se agrave y qué sistema de protección estamos construyendo para quienes ya necesitan ayuda.
Para República Dominicana, este debate adquiere una importancia especial. El país necesita avanzar hacia una política de salud mental que no se limite a atender la enfermedad cuando aparece, sino que incorpore prevención, educación emocional, atención primaria, protección de niños y adolescentes, acompañamiento a las familias, atención a los adultos mayores y servicios comunitarios.
La salud mental no es solamente la ausencia de enfermedad
Hablar de salud mental no significa hablar exclusivamente de personas diagnosticadas con un trastorno psiquiátrico.
La salud mental está relacionada con la capacidad de una persona para afrontar las dificultades de la vida, establecer relaciones, estudiar, trabajar, tomar decisiones, manejar las emociones y participar en su comunidad.
Cuando una persona atraviesa una situación difícil puede experimentar tristeza, miedo, ansiedad, estrés o preocupación sin que necesariamente exista un trastorno mental. El problema aparece cuando los síntomas son persistentes, intensos o interfieren significativamente con la vida cotidiana.
La OMS señala que los trastornos mentales pueden afectar la cognición, las emociones o el comportamiento y producir dificultades importantes en la vida familiar, social, educativa y laboral.
Por eso resulta peligroso utilizar expresiones despectivas para referirse a quienes padecen problemas de salud mental. El lenguaje también forma parte de la prevención.
Un problema mundial de enormes dimensiones
La situación mundial demuestra que no estamos ante un fenómeno aislado.
La OMS informó que más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental, mientras que los servicios continúan siendo insuficientes para atender las necesidades existentes.
La depresión afecta a cientos de millones de personas. La OMS estima que alrededor de 332 millones de personas viven con depresión y advierte que la enfermedad es más frecuente en mujeres que en hombres.
Los trastornos de ansiedad también representan una enorme carga. En 2021 se estimó que 359 millones de personas padecían un trastorno de ansiedad.
La dimensión de la crisis se observa también en la discapacidad. La OMS señala que los trastornos mentales representan aproximadamente uno de cada seis años vividos con discapacidad a nivel mundial. Las personas con condiciones graves de salud mental pueden tener además una esperanza de vida entre 10 y 20 años menor que la población general.
Estos datos demuestran que la salud mental no puede continuar ocupando un lugar marginal dentro de las políticas públicas.
Niños y adolescentes: una prioridad que no puede esperar
Uno de los aspectos más preocupantes es la salud mental de las nuevas generaciones.
La OMS estima que uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años experimenta algún trastorno mental.
La adolescencia es una etapa de grandes transformaciones físicas, emocionales y sociales. Los problemas familiares, la violencia, el acoso escolar, la presión académica, la discriminación, la pobreza, la soledad y determinadas experiencias digitales pueden aumentar la vulnerabilidad de algunos jóvenes.
Por eso, esperar hasta que un adolescente llegue a una emergencia para ofrecerle ayuda constituye un error.
La prevención debe comenzar mucho antes.
Las escuelas necesitan programas de educación socioemocional, mecanismos seguros para detectar señales de sufrimiento y protocolos para actuar cuando un estudiante presenta cambios importantes de comportamiento.
Pero la escuela no puede asumir sola esa responsabilidad.
Debe existir una coordinación entre padres, maestros, orientadores, centros de salud, psicólogos, pediatras, trabajadores sociales y autoridades educativas.
La soledad también es un problema de salud pública
La salud mental tampoco puede analizarse únicamente desde el consultorio.
La soledad, el aislamiento social, la pérdida de seres queridos, el desempleo, la pobreza, la violencia y la falta de redes de apoyo pueden afectar profundamente el bienestar emocional.
Esto adquiere especial importancia en las personas mayores.
La OMS señala que en 2023 alrededor del 14.75 % de los adultos de 70 años o más vivían con un trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión algunos de los problemas más frecuentes.
En una sociedad que envejece progresivamente, República Dominicana tendrá que prepararse para atender no solamente las enfermedades físicas de sus adultos mayores, sino también la soledad, el duelo, la depresión, el deterioro cognitivo y las necesidades de acompañamiento.
El suicidio: una tragedia que exige prevención
Uno de los capítulos más delicados de la salud mental es el suicidio.
La OMS estima que más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo y que aproximadamente el 73 % de los suicidios registrados en 2021 ocurrió en países de ingresos bajos y medianos.
No todos los suicidios están relacionados exclusivamente con un trastorno mental, pero los problemas de salud mental pueden aumentar el riesgo.
Por esa razón, la prevención debe incluir detección temprana, atención profesional, reducción del estigma, seguimiento de personas en riesgo y capacitación de quienes trabajan en atención primaria.
Hablar de prevención del suicidio no significa sembrar desesperanza. Significa reconocer que existen situaciones de sufrimiento extremo en las que una intervención oportuna puede salvar una vida.
Si una persona expresa intención de hacerse daño o de morir, la situación debe tratarse como una emergencia. No debe dejarse sola y debe buscarse inmediatamente ayuda profesional o de los servicios de emergencia disponibles en su localidad.
República Dominicana: el desafío de pasar de la reacción a la prevención
República Dominicana no parte de cero.
La OPS reconoce avances en el país relacionados con la construcción de servicios comunitarios de salud mental. También se han desarrollado iniciativas vinculadas con la atención primaria y la integración de la salud mental en los servicios sanitarios.
Sin embargo, todavía existe una tarea enorme.
La propia OPS mantiene la salud mental entre las áreas prioritarias de trabajo en República Dominicana y registra como desafío el acceso a servicios para las condiciones de salud mental.
Además, el informe anual de la OPS correspondiente a 2025 señala que en República Dominicana se presentaron al Congreso propuestas de modificación de la legislación sobre salud mental que se encontraban bajo revisión.
Esto revela una realidad importante: la discusión sobre salud mental ya está presente en la agenda institucional, pero necesita convertirse cada vez más en políticas sostenidas, presupuesto, servicios accesibles y resultados medibles.
¿Qué debería hacer República Dominicana?
La respuesta no puede reducirse a construir más hospitales.
El país necesita una estrategia nacional integral.
1. Fortalecer la salud mental desde la atención primaria
Una persona no debería tener que esperar hasta que su situación se convierta en una crisis para recibir ayuda.
Los centros de atención primaria deberían contar con mecanismos para identificar depresión, ansiedad, consumo problemático de sustancias, violencia, riesgo suicida y otros problemas frecuentes.
Los médicos y enfermeros de atención primaria necesitan herramientas para reconocer señales de alerta y realizar las referencias correspondientes.
La OMS impulsa precisamente modelos en los que trabajadores de salud no especializados pueden contribuir a ampliar el acceso a servicios para determinadas condiciones de salud mental.
2. Llevar la atención psicológica a las comunidades
La salud mental no debería concentrarse principalmente en las grandes ciudades.
República Dominicana necesita fortalecer una red comunitaria de salud mental, especialmente en sectores vulnerables y zonas donde el acceso a especialistas sea limitado.
Los servicios comunitarios permiten acercar la atención a las personas, reducir barreras y evitar que determinados pacientes permanezcan desconectados del sistema.
3. Crear programas permanentes de salud mental escolar
Cada escuela debería disponer de mecanismos para:
- detectar señales de sufrimiento emocional;
- prevenir el acoso escolar;
- orientar a padres y profesores;
- atender crisis;
- identificar estudiantes en riesgo;
- establecer protocolos de referencia;
- enseñar habilidades socioemocionales.
La prevención no puede comenzar cuando aparece una tragedia.
4. Crear una estrategia nacional de salud mental para adolescentes
Los jóvenes necesitan espacios seguros donde puedan hablar.
No todos los problemas juveniles son problemas de disciplina.
Un cambio brusco de conducta, aislamiento, descenso académico, agresividad, abandono de actividades, alteraciones importantes del sueño o expresiones de desesperanza pueden requerir atención.
La respuesta debe ser profesional y no simplemente punitiva.
5. Fortalecer la prevención del suicidio
República Dominicana necesita una estrategia permanente basada en datos.
Debe incluir campañas educativas responsables, capacitación de profesionales, protocolos de emergencia, seguimiento de personas de alto riesgo y coordinación entre salud, educación, familias y comunidades.
También es fundamental mejorar la calidad y oportunidad de los datos para saber dónde están ocurriendo los problemas y qué grupos requieren mayor atención.
6. Atender la salud mental de los adultos mayores
Los programas para envejecientes deben incorporar evaluación emocional, prevención de la soledad, acompañamiento durante el duelo, actividades comunitarias y mecanismos de detección de depresión y deterioro cognitivo.
Una persona mayor no debería quedar emocionalmente abandonada simplemente porque vive sola.
7. Integrar salud mental y violencia
La violencia intrafamiliar, el abuso, la violencia sexual, el acoso y otras experiencias traumáticas pueden tener consecuencias profundas.
Las víctimas necesitan atención integral, no solamente protección física.
Los servicios de salud, justicia, protección social y seguridad deben trabajar coordinadamente.
8. Atender el consumo problemático de sustancias
La prevención y tratamiento de las adicciones debe formar parte de una política moderna de salud mental.
Criminalizar automáticamente a una persona con un problema de consumo no resuelve las causas.
Se necesitan prevención, tratamiento, rehabilitación, reducción de daños cuando corresponda y reinserción social.
9. Aumentar la inversión y medir resultados
El dinero destinado a salud mental no debe evaluarse solamente por cuánto se gasta.
Hay que medir qué resultados produce.
¿Cuántas personas fueron atendidas?
¿Cuánto disminuyeron los tiempos de espera?
¿Cuántos municipios tienen servicios?
¿Cuántos pacientes abandonan el tratamiento?
¿Cuántas escuelas tienen protocolos?
¿Cuántos profesionales están disponibles?
¿Cuántas crisis fueron atendidas oportunamente?
La OMS ha advertido que la inversión mundial continúa siendo insuficiente: su actualización de 2025 señala que la mediana del gasto gubernamental en salud mental permanece alrededor del 2 % del presupuesto sanitario.
10. Combatir el estigma
Una de las intervenciones más económicas puede ser también una de las más importantes: educar a la población.
Una persona que tiene depresión no es débil.
Una persona que necesita psicoterapia no está “loca”.
Una persona que consulta a un psiquiatra no debe ser objeto de burlas.
Pedir ayuda es una conducta de responsabilidad, no de vergüenza.
El papel de las familias
La familia constituye una de las primeras redes de protección.
Escuchar sin burlarse, observar cambios de conducta, evitar minimizar el sufrimiento y acompañar a la persona a buscar ayuda puede marcar una diferencia enorme.
Pero la familia tampoco puede convertirse en sustituta del profesional.
Decirle a alguien con depresión que “ponga de su parte” puede ser insuficiente e incluso contraproducente.
El apoyo familiar debe complementarse con atención profesional cuando sea necesaria.
El papel de las juntas de vecinos y las comunidades
Aquí existe una oportunidad que todavía no se aprovecha suficientemente.
Las comunidades pueden convertirse en espacios de prevención.
Una junta de vecinos puede promover charlas sobre salud emocional, envejecimiento saludable, prevención del suicidio, violencia familiar, consumo de sustancias, convivencia y apoyo a adolescentes.
También puede identificar problemas comunitarios que afectan el bienestar: abandono de espacios públicos, aislamiento de personas mayores, violencia, ruido excesivo, inseguridad y falta de actividades para jóvenes.
La salud mental no se construye únicamente dentro de una consulta.
También se construye en el barrio.
Tecnología: oportunidad y riesgo
La tecnología ofrece nuevas posibilidades para acercar orientación y servicios, especialmente a personas que viven lejos de los grandes centros urbanos.
La telepsicología, las plataformas de información sanitaria y las herramientas digitales pueden facilitar el acceso.
Pero también existen riesgos.
La exposición excesiva a contenidos dañinos, el acoso digital, la comparación constante con otras personas, la desinformación y determinados patrones de uso problemático pueden afectar a algunas personas.
Por eso la educación digital debe formar parte de la educación para la salud mental.
Salud mental y crisis climáticas
República Dominicana también debe incorporar la dimensión psicológica de los fenómenos naturales y del cambio climático.
Huracanes, inundaciones, desplazamientos, pérdida de viviendas, destrucción de medios de vida y otras emergencias pueden producir miedo, estrés, duelo y trauma.
El país incorporó la salud mental dentro de su Plan Nacional de Adaptación en Salud y Cambio Climático 2025-2030, elaborado con asistencia técnica de la OPS.
Esto representa una oportunidad para integrar el apoyo psicosocial dentro de la preparación y respuesta ante emergencias.
Una propuesta: crear un Sistema Dominicano de Prevención y Bienestar Mental
República Dominicana podría avanzar hacia un modelo nacional que articule:
Salud + Educación + Familia + Comunidad + Protección Social + Justicia + Deportes + Juventud + Gobiernos locales.
El objetivo sería sencillo de explicar:
prevenir antes de tratar, detectar antes de que la crisis avance y acompañar después del diagnóstico.
Ese sistema debería contar con indicadores públicos para que la ciudadanía pueda conocer sus resultados.
También debería garantizar especial atención a niños, adolescentes, mujeres víctimas de violencia, personas mayores, personas con discapacidad, comunidades vulnerables y personas afectadas por emergencias.
Lo que no debemos hacer
También es necesario identificar los errores.
No debemos:
- diagnosticar personas a través de las redes sociales;
- convertir cualquier tristeza en un diagnóstico;
- sustituir profesionales por consejos de internet;
- presentar la medicación como solución universal;
- estigmatizar a quienes buscan ayuda;
- publicar información irresponsable sobre suicidio;
- convertir tragedias personales en espectáculo;
- utilizar el sufrimiento psicológico para generar clics.
La salud mental exige responsabilidad periodística.
El gran desafío: cambiar la cultura
Construir hospitales y contratar especialistas es necesario.
Pero no será suficiente si la sociedad continúa enseñando a los hombres que no deben llorar, a los jóvenes que pedir ayuda es una debilidad, a los adultos mayores que deben soportar solos el duelo y a las familias que los problemas emocionales deben esconderse.
La transformación tiene que ser cultural.
Hay que enseñar desde la infancia que cuidar la mente forma parte de cuidar la salud.
Conclusión: cuidar la mente también es construir país
La salud mental no es un lujo para quienes pueden pagar una consulta privada.
Es una cuestión de salud pública, productividad, educación, convivencia, seguridad, derechos humanos y calidad de vida.
Un niño que recibe ayuda a tiempo puede desarrollar mejor sus capacidades.
Un adolescente escuchado puede evitar que una crisis se convierta en tragedia.
Una persona adulta atendida puede recuperar su capacidad para trabajar y relacionarse.
Un adulto mayor acompañado puede enfrentar el envejecimiento con mayor dignidad.
Y una persona en una crisis emocional puede encontrar una razón para continuar cuando recibe ayuda oportuna.
El mundo ya conoce la dimensión del problema. La OMS ha advertido que las necesidades son enormes mientras las respuestas continúan siendo insuficientes.
República Dominicana tiene ante sí una oportunidad: pasar de una cultura que muchas veces espera la crisis a una política pública que priorice la prevención, la atención comunitaria y la dignidad humana.
La pregunta ya no debería ser cuánto nos cuesta atender la salud mental.
La pregunta debería ser:
¿Cuánto nos cuesta como sociedad no atenderla?
Reflexión editorial de La Pluma Perspicaz
Una sociedad verdaderamente desarrollada no se mide únicamente por sus carreteras, edificios, crecimiento económico o avances tecnológicos. También se mide por la manera en que trata a quien está sufriendo en silencio.
Hay personas que sonríen todos los días mientras libran batallas que nadie conoce. Hay jóvenes que necesitan ser escuchados, padres que necesitan orientación, adultos mayores que necesitan compañía y familias que necesitan saber que pedir ayuda no es motivo de vergüenza.
La salud mental debe dejar de ser un tema del que se habla solamente cuando ocurre una tragedia.
Cuidar la mente es cuidar la vida. Prevenir es proteger. Escuchar es acompañar. Y pedir ayuda también es una forma de valentía.
La Pluma Perspicaz
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