SANTO DOMINGO SE DESENREDA: COMIENZA EL RETIRO DE 300 KILÓMETROS DE CABLES EN DESUSO

 

Por genil cuesta Féliz | laplumaperspicaz. ☆☆☆☆☆.    

SANTO DOMINGO QUIERE DESENREDAR SU CIELO:  RETIRARÁ 300 KILÓMETROS DE CABLEADO EN DESUSO .》》》.        

INDOTEL, la Alcaldía del Distrito Nacional y el sector eléctrico ponen en marcha un ambicioso programa para retirar cables abandonados, ordenar las redes aéreas y reducir riesgos en las calles de la capital

Santo Domingo tiene un problema que durante años se ha convertido en parte del paisaje urbano: kilómetros de cables que cuelgan, se cruzan, se amontonan y, en muchos casos, permanecen instalados aunque ya no estén prestando ningún servicio.

Lo que para algunos puede parecer simplemente un problema estético es, en realidad, una situación que involucra orden urbano, seguridad, infraestructura eléctrica, mantenimiento de las telecomunicaciones y calidad del espacio público.

Precisamente por eso, el inicio de un programa para retirar aproximadamente 300 kilómetros de cableado aéreo en desuso representa mucho más que una jornada de limpieza.

Es un intento de comenzar a corregir una de las imágenes más visibles del desorden acumulado en la infraestructura urbana de Santo Domingo.

El proyecto es impulsado por el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), la Alcaldía del Distrito Nacional y el sector eléctrico, con participación de Edesur, Edeeste y el Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad.

La intervención contempla una inversión de RD$100 millones y, según lo anunciado, deberá completarse en un período de aproximadamente 100 días.

¿Por qué hay tantos cables abandonados?

El crecimiento de las telecomunicaciones ha provocado durante décadas una expansión constante de las redes aéreas.

Telefonía, internet, televisión por cable y otros servicios han requerido la instalación de nuevas líneas y equipos.

El problema aparece cuando una red deja de utilizarse y el cable permanece en postes, árboles y estructuras urbanas.

Con el tiempo se van agregando nuevos tendidos sobre los anteriores.

Un cable nuevo puede sustituir a otro, pero el antiguo no necesariamente desaparece.

Así comienza una acumulación que termina produciendo verdaderos nudos de cables.

El problema no es solamente cuánto cable se instala, sino cuánto cable queda abandonado después de dejar de utilizarse.

300 kilómetros: una cifra que permite dimensionar el problema

Hablar de 300 kilómetros puede resultar difícil de imaginar.

Pero cuando se observa que esa cantidad corresponde a cableado que se pretende retirar y reorganizar dentro del Distrito Nacional, queda claro que no se trata de una intervención menor.

El objetivo es actuar en sectores como:

Ciudad Colonial.

San Carlos.

Cristo Rey.

24 de Abril.

Ensanche Luperón.

Bella Vista.

Piantini.

Naco.

Son zonas con características diferentes, desde áreas históricas y residenciales hasta sectores comerciales y empresariales.

Esto significa que el proyecto tendrá que adaptarse a realidades urbanas distintas.

No se trata solamente de quitar cables

Uno de los aspectos más importantes del programa es que no se limita al retiro.

Los trabajos incluyen reorganización y anillado del cableado que continúa en funcionamiento, poda de vegetación, señalización, tensado, identificación y etiquetado de las empresas de telecomunicaciones y limpieza de las áreas intervenidas.

Ese detalle es fundamental.

Porque si solamente se retiran algunos cables abandonados y posteriormente vuelven a instalarse nuevos tendidos sin organización, el problema reaparecerá.

La solución sostenible no consiste únicamente en limpiar; consiste en establecer un sistema que impida que el desorden vuelva a crecer.

El peligro que no siempre se ve

El cableado desorganizado también puede representar un riesgo para otras infraestructuras.

Joel Santos, presidente del CUED, ha señalado que la situación trasciende la contaminación visual porque la acumulación y desorganización pueden afectar las condiciones adecuadas del tendido eléctrico.

Esto merece especial atención.

En una ciudad donde conviven redes de electricidad y telecomunicaciones sobre postes y estructuras aéreas, el orden no es un lujo.

Es parte de la seguridad.

Un tendido correctamente identificado permite saber qué empresa es responsable de determinado cable y facilita las labores de mantenimiento.

Un cable abandonado, por el contrario, puede convertirse en un elemento más dentro de una estructura difícil de inspeccionar.

La identificación de las empresas puede ser una de las claves

Quizás uno de los componentes más importantes del programa sea el etiquetado e identificación de las empresas de telecomunicaciones.

¿Por qué?

Porque una de las dificultades históricas del cableado urbano consiste precisamente en determinar quién es responsable de cada línea.

Cuando un cable está correctamente identificado, resulta mucho más fácil establecer responsabilidades.

Si deja de utilizarse, debe existir un responsable que lo retire.

Si está deteriorado, debe poder determinarse quién debe intervenir.

Y si una empresa instala una nueva red, debería quedar registrada dentro de un sistema que permita conocer su ubicación y función.

La trazabilidad puede ser tan importante como la limpieza.

¿Qué pasará después de retirar los 300 kilómetros?

Esta es una de las preguntas más importantes que debería hacerse la ciudadanía.

El éxito del proyecto no debería medirse únicamente por la cantidad de cables retirados durante los próximos 100 días.

También habrá que observar qué ocurre después.

Porque Santo Domingo continuará necesitando nuevas conexiones de internet y telecomunicaciones.

Las empresas seguirán ampliando sus redes.

Nuevos edificios necesitarán servicios.

La tecnología continuará evolucionando.

Por eso, la ciudad necesita reglas permanentes para evitar que el mismo problema vuelva a acumularse.

Una oportunidad para cambiar la forma de instalar redes

El programa puede convertirse en algo mucho más importante si sirve como punto de partida para establecer un modelo permanente de ordenamiento.

Cada nuevo cable instalado debería responder a una planificación.

Cada cable retirado debería dejar constancia de su eliminación.

Cada empresa debería conocer claramente sus responsabilidades.

Y cada intervención debería procurar que las redes existentes sean cada vez más ordenadas.

De lo contrario, dentro de algunos años la ciudad podría encontrarse nuevamente con el mismo problema.

La contaminación visual también afecta la ciudad

Una ciudad no se construye únicamente con grandes avenidas, edificios y parques.

También se construye con los pequeños elementos que conforman la experiencia cotidiana de sus habitantes.

Una calle llena de cables desordenados transmite una imagen diferente a una vía con infraestructura organizada.

Por eso, reducir la contaminación visual puede contribuir a mejorar la percepción del entorno urbano.

Esto adquiere todavía mayor importancia en sectores turísticos e históricos como la Ciudad Colonial, donde la imagen del espacio público forma parte de la experiencia de quienes viven y visitan la zona.

Los árboles no deberían convertirse en postes

Uno de los aspectos señalados por la alcaldesa Carolina Mejía fue la presencia de cables en desuso amarrados a árboles.

La situación plantea una cuestión que va más allá de la estética.

Los árboles forman parte de la infraestructura ambiental de una ciudad y no deberían convertirse en soportes improvisados para redes de telecomunicaciones.

La poda contemplada en el proyecto también tendrá que ejecutarse con criterios técnicos, evitando que el ordenamiento del cableado termine afectando innecesariamente la vegetación urbana.

RD$100 millones para comenzar a ordenar el problema

La inversión anunciada asciende a RD$100 millones.

De ese monto, según la información oficial, RD$50 millones serán aportados por INDOTEL, RD$25 millones por Edesur y RD$25 millones por Edeeste.

La inversión demuestra que ordenar la infraestructura existente requiere recursos.

Pero también plantea una pregunta razonable:

¿Será necesario invertir nuevamente grandes cantidades dentro de algunos años si no se establece un mecanismo permanente de prevención?

La respuesta debería ser no.

La inversión actual debe servir para crear las condiciones que permitan mantener el orden en el futuro.

Un modelo que podría extenderse a otras ciudades

Aunque el programa anunciado se concentra en el Distrito Nacional, el problema del cableado en desuso no es exclusivo de la capital.

Otras ciudades dominicanas también enfrentan acumulación de cables, redes superpuestas y tendidos difíciles de identificar.

Santiago, Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte, San Cristóbal, La Romana y otras zonas urbanas podrían enfrentar desafíos similares.

Por eso, si el programa de Santo Domingo produce resultados positivos, podría convertirse en un modelo para otras ciudades del país.

La tecnología también puede ayudar

El ordenamiento físico debería complementarse con herramientas tecnológicas.

Una posibilidad sería contar con un inventario digital actualizado de las redes aéreas.

Cada tramo podría estar asociado a información sobre:

empresa responsable;

ubicación;

tipo de servicio;

fecha de instalación;

estado de funcionamiento;

fecha de retiro cuando quede fuera de uso.

Esto permitiría pasar de una administración reactiva a una administración preventiva.

La ciudad del futuro necesita saber qué infraestructura tiene instalada y quién es responsable de ella.

El acuerdo interinstitucional

El programa se desarrolla en cumplimiento del Acuerdo Marco de Cooperación Interinstitucional firmado el 26 de febrero de 2026 entre INDOTEL, Edeeste, Edesur y la Alcaldía del Distrito Nacional.

La participación conjunta de instituciones resulta fundamental porque el cableado urbano no pertenece a un solo sector.

Telecomunicaciones y electricidad comparten espacios físicos y requieren coordinación.

Cuando cada institución actúa por separado, aumenta la posibilidad de que las soluciones sean parciales.

Cuando existe coordinación, es posible abordar el problema de manera integral.

Lo que debe vigilar la ciudadanía

Los ciudadanos también pueden desempeñar un papel importante.

Durante el desarrollo del programa será necesario observar si:

se retiran realmente los cables anunciados, se dejan las áreas limpias, se respetan los árboles, se mantienen organizadas las redes que permanecen activas y se evita que aparezcan nuevamente tendidos abandonados.

La transparencia también debe formar parte del proyecto.

La ciudadanía debería poder conocer periódicamente cuánto se ha avanzado y cuáles sectores ya fueron intervenidos.

No basta con limpiar la fotografía de Santo Domingo

Aquí está el verdadero desafío.

Santo Domingo puede verse mucho mejor después de retirar cientos de kilómetros de cableado.

Pero una ciudad moderna necesita algo más que una transformación temporal.

Necesita mantenimiento permanente.

El verdadero éxito será que dentro de cinco o diez años los ciudadanos puedan caminar por las mismas calles y encontrar redes organizadas, identificadas y libres de cableado abandonado.

Entonces sí podremos decir que la iniciativa produjo un cambio estructural.

LA REFLEXIÓN DE LAPLUMAPERSPICAZ.COM

Durante mucho tiempo hemos aprendido a convivir con aquello que no debería ser normal.

Nos acostumbramos a los cables enredados.

A los postes saturados.

A las líneas que cuelgan sin explicación.

A los cables amarrados a árboles.

A estructuras que crecen sin que nadie parezca responsable de lo que ocurre después.

Y precisamente ahí comienza uno de los grandes desafíos de cualquier sociedad: dejar de considerar normal aquello que necesita ser corregido.

La decisión de retirar 300 kilómetros de cableado en desuso puede parecer una tarea técnica.

Pero también representa una oportunidad para cambiar una cultura.

Una ciudad ordenada no significa solamente calles limpias.

Significa infraestructura organizada, responsabilidades claras, instituciones coordinadas y ciudadanos que puedan confiar en que lo que se construye hoy también será mantenido mañana.

Desde La Pluma Perspicaz, creemos que el verdadero valor de este proyecto no estará solamente en los 300 kilómetros que desaparezcan del paisaje.

Estará en que nunca más permitamos que el abandono vuelva a convertirse en parte del paisaje urbano.

Porque una ciudad moderna no debe esconder sus problemas debajo de nuevas capas de infraestructura.

Debe resolverlos.

EN CONCLUSIÓN:

El retiro de aproximadamente 300 kilómetros de cableado aéreo en desuso representa una intervención importante para Santo Domingo.

La inversión de RD$100 millones, la participación conjunta de INDOTEL, la Alcaldía del Distrito Nacional y el sector eléctrico, y la intervención de ocho sectores de la capital muestran que existe una intención de abordar el problema de manera coordinada.

Pero el verdadero desafío comienza después de retirar los cables.

Santo Domingo necesita un sistema permanente que impida que el desorden vuelva a crecer.

Identificar a las empresas, establecer responsabilidades, mantener las redes organizadas y exigir el retiro oportuno de las líneas que queden fuera de servicio deberían convertirse en prácticas permanentes.

Los 300 kilómetros pueden ser el comienzo.

La meta debería ser que algún día ya no sea necesario hablar de cables abandonados porque la ciudad haya aprendido a evitar que se acumulen.

Y cuando eso ocurra, no solamente tendremos una capital con menos contaminación visual.

Tendremos una ciudad más segura, más ordenada, más moderna y más digna para quienes la habitan.

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