Por: Genil Cuesta Féliz | La Pluma Perspicaz.
Una tradición que une historia, espiritualidad y cultura dominicana
Cada 24 de septiembre, miles de dominicanos dirigen su mirada hacia una de las expresiones religiosas más arraigadas de la nación: Nuestra Señora de las Mercedes, advocación mariana venerada por la Iglesia católica y reconocida tradicionalmente como patrona de la República Dominicana.
Pero detrás de esta celebración existe mucho más que una fecha marcada en el calendario.
La devoción a la Virgen de las Mercedes forma parte de una historia que atraviesa siglos, conecta a la República Dominicana con sus raíces religiosas y culturales y se expresa de múltiples maneras: peregrinaciones, procesiones, promesas, oraciones, fiestas patronales, visitas a santuarios y manifestaciones de solidaridad.
Conocer esta historia permite comprender por qué, para tantas familias dominicanas, el 24 de septiembre representa un día de fe, esperanza, agradecimiento y encuentro con una tradición transmitida de generación en generación.
¿Quién es Nuestra Señora de las Mercedes?
Nuestra Señora de las Mercedes es una advocación de la Virgen María dentro de la tradición católica.
La palabra merced está relacionada con conceptos como misericordia, favor, ayuda y compasión. Su origen está estrechamente vinculado con la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, fundada en Barcelona en el siglo XIII.
La tradición mercedaria relaciona el nacimiento de esta espiritualidad con San Pedro Nolasco, quien dedicó buena parte de su vida al rescate de personas cautivas.
Según la tradición religiosa, en 1218 San Pedro Nolasco recibió una inspiración de la Virgen María para impulsar una comunidad dedicada a la liberación y asistencia de cautivos. La Orden de la Merced desarrolló así una espiritualidad profundamente vinculada con la misericordia y la libertad.
Por esta razón, la advocación de las Mercedes adquirió desde sus orígenes un significado que va más allá de la devoción individual: la misericordia hacia quien sufre y la búsqueda de la libertad de quien se encuentra sometido o necesitado de ayuda.
¿Cómo llegó la devoción de las Mercedes a la República Dominicana?
La devoción mariana llegó a La Española durante el período colonial y posteriormente fue adquiriendo profundas raíces en la sociedad dominicana.
Uno de los lugares más importantes relacionados con esta historia es el Santo Cerro, en la provincia de La Vega, donde se encuentra el Santuario Nacional de Nuestra Señora de las Mercedes.
La historia del Santo Cerro está rodeada de tradiciones, relatos religiosos y acontecimientos históricos que han sido interpretados de distintas maneras a través del tiempo.
Una de las tradiciones más conocidas sostiene que la Virgen de las Mercedes apareció durante una batalla entre indígenas y españoles en el siglo XV y que su intervención favoreció a los españoles.
Sin embargo, esta versión debe entenderse como parte de la tradición popular y religiosa, no como un hecho histórico cuya interpretación sea aceptada de manera unánime.
Investigaciones y estudios históricos y antropológicos recientes han cuestionado algunos elementos de ese relato y han llamado la atención sobre la necesidad de separar la tradición religiosa de la reconstrucción histórica de los acontecimientos.
Esto no disminuye el valor cultural de la tradición. Al contrario: permite conocerla con mayor responsabilidad y comprender cómo los pueblos construyen, transmiten y conservan sus memorias colectivas.
El Santo Cerro: uno de los grandes centros de peregrinación
El Santo Cerro, en La Vega, ocupa un lugar especial en la historia religiosa dominicana.
La tradición histórica señala que en este espacio existió una de las primeras expresiones del culto cristiano en el territorio y que posteriormente se convirtió en un importante centro de devoción a Nuestra Señora de las Mercedes.
El actual santuario tiene una historia arquitectónica que también refleja el paso del tiempo. De acuerdo con la historia publicada por el propio Santuario Nacional, una capilla fue levantada en el siglo XVI; distintos terremotos afectaron las edificaciones posteriores y la primera piedra del templo actual fue colocada en 1880.
Hoy, el Santo Cerro continúa siendo uno de los principales lugares de peregrinación mariana del país.
Cada año, especialmente alrededor del 24 de septiembre, numerosos fieles llegan hasta este lugar para participar en celebraciones religiosas, cumplir promesas, agradecer favores y expresar públicamente su fe.
El sitio posee además un importante valor histórico y patrimonial, porque en él convergen religión, memoria, arquitectura, paisaje e historia dominicana.
¿Por qué el 24 de septiembre?
La celebración de Nuestra Señora de las Mercedes se conmemora actualmente el 24 de septiembre.
De acuerdo con la historia de la devoción en la isla, la festividad estuvo anteriormente vinculada a otra fecha y posteriormente fue trasladada al 24 de septiembre mediante una Real Cédula en el siglo XVIII.
Con el paso del tiempo, esta fecha se convirtió en una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario dominicano.
Para millones de personas, el 24 de septiembre es una oportunidad para detenerse, orar, agradecer y renovar compromisos personales y familiares.
De patrona de La Española a patrona de la República Dominicana
Uno de los capítulos más importantes de esta historia ocurrió durante el período colonial.
Después del terremoto que afectó gravemente a Santo Domingo en 1615, la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes adquirió una nueva dimensión en la sociedad colonial. Fuentes históricas y religiosas señalan que fue declarada patrona de La Española en ese contexto.
Posteriormente, con el nacimiento de la República Dominicana en 1844, la Virgen de las Mercedes quedó incorporada a la tradición nacional como patrona de la República Dominicana.
De esta manera, una devoción de raíces medievales europeas terminó formando parte de la identidad religiosa y cultural dominicana.
La Virgen de las Mercedes en la cultura dominicana
La importancia de esta tradición no se limita a las iglesias.
La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes forma parte de la vida cotidiana de numerosas familias dominicanas.
En muchos hogares se encuentran estampas, imágenes, medallas o cuadros de la Virgen. En diferentes comunidades se organizan novenas, misas, procesiones y fiestas patronales.
En algunos municipios, Nuestra Señora de las Mercedes ocupa un lugar especial como patrona espiritual de la comunidad.
Esto demuestra cómo una expresión religiosa puede convertirse también en patrimonio cultural inmaterial, porque sus prácticas, relatos y celebraciones pasan de padres a hijos y forman parte de la memoria colectiva.
Promesas y peregrinaciones: una expresión de fe
Una de las características más conocidas de la devoción dominicana a las Mercedes son las promesas.
Algunas personas peregrinan hasta el Santo Cerro después de haber atravesado una situación difícil. Otras llegan para agradecer por la recuperación de un familiar, pedir protección, buscar consuelo o simplemente cumplir una promesa hecha en un momento de necesidad.
Estas prácticas forman parte de la religiosidad popular.
Desde el punto de vista antropológico, las peregrinaciones también representan una forma de encuentro comunitario: personas de distintas provincias, edades y condiciones sociales coinciden en un mismo espacio movidas por una creencia compartida.
Por eso, la peregrinación no es solamente un desplazamiento físico.
Para el creyente puede representar un camino de oración, sacrificio, agradecimiento y esperanza.
¿Qué significa realmente esta tradición para los dominicanos?
La respuesta depende de la experiencia de cada persona.
Para un católico practicante, Nuestra Señora de las Mercedes representa una advocación de la Virgen María y una figura de intercesión espiritual.
Para una familia, puede ser parte de una tradición heredada de padres y abuelos.
Para una comunidad, puede representar identidad y pertenencia.
Para un investigador, constituye un fenómeno histórico, religioso y antropológico digno de estudio.
Y para el país, forma parte de un patrimonio cultural que permite comprender cómo la religión ha influido en la formación de la sociedad dominicana.
Estas perspectivas pueden coexistir sin necesidad de confundirse.
Una tradición que también habla de misericordia
Existe un elemento particularmente importante en el significado original de la advocación: la misericordia.
La tradición mercedaria nació relacionada con la preocupación por las personas cautivas y necesitadas de libertad.
Por eso, hablar de las Mercedes no debería reducirse únicamente a pedir favores.
También puede ser una oportunidad para preguntarnos qué hacemos nosotros por quienes sufren.
¿Qué hacemos por el anciano abandonado?
¿Qué hacemos por el niño que crece sin oportunidades?
¿Qué hacemos por la familia que no puede cubrir sus necesidades básicas?
¿Qué hacemos por quien se encuentra privado de libertad y necesita una oportunidad para reintegrarse a la sociedad?
La verdadera dimensión de una tradición religiosa también puede medirse por los valores humanos que inspira.
Fe y cultura: dos dimensiones que se encuentran
La República Dominicana es una sociedad donde las expresiones religiosas están profundamente vinculadas con la vida cultural.
Las fiestas patronales, las peregrinaciones, las celebraciones familiares y las manifestaciones de religiosidad popular forman parte de la historia de numerosas comunidades.
Nuestra Señora de las Mercedes ocupa un lugar especial dentro de ese universo.
Su celebración permite observar cómo una tradición religiosa puede sobrevivir durante siglos y transformarse en parte de la identidad de un pueblo.
Pero conservar una tradición no significa repetirla mecánicamente.
Significa conocerla, comprenderla y transmitirla con responsabilidad.
¿Por qué debemos conocer esta historia?
En una época en la que las nuevas generaciones tienen acceso a una cantidad enorme de información, existe el riesgo de que muchas tradiciones sean conocidas solamente de manera superficial.
Un joven puede saber que el 24 de septiembre se celebra el Día de las Mercedes, pero quizá desconozca quién fue San Pedro Nolasco, qué significa merced, cuál fue el origen de la Orden de la Merced, qué importancia tiene el Santo Cerro o cómo evolucionó esta devoción en la República Dominicana.
La educación histórica y cultural puede evitar que una tradición se convierta simplemente en una celebración sin memoria.
Conocer el pasado permite valorar mejor el presente.
El valor de transmitir la tradición a las nuevas generaciones
Las tradiciones no sobreviven solamente porque existan monumentos o documentos.
Sobreviven cuando una generación decide explicárselas a la siguiente.
Por eso, las familias, las escuelas, las iglesias, las instituciones culturales y los medios de comunicación tienen un papel importante.
Hablar con los niños sobre Nuestra Señora de las Mercedes no significa únicamente enseñarles una fecha.
Significa explicarles:
- quién fue San Pedro Nolasco;
- qué significa la palabra merced;
- cuál es la importancia histórica del Santo Cerro;
- qué diferencia existe entre una tradición religiosa y un hecho histórico comprobado;
- por qué las peregrinaciones forman parte de la cultura dominicana;
- y cuáles son los valores de misericordia, solidaridad, libertad y esperanza asociados a esta devoción.
Así se conserva una tradición sin convertirla en una simple repetición.
Una mirada responsable sobre el Santo Cerro
La historia del Santo Cerro merece especial atención porque en torno a ella existen relatos transmitidos durante generaciones.
La tradición religiosa habla de una aparición de la Virgen y de su intervención durante una batalla.
Pero investigadores dominicanos han señalado que algunos elementos de esa narración deben ser analizados críticamente desde la historia y la antropología. El Museo Nacional de Historia y Geografía, por ejemplo, difundió en 2025 una conferencia dedicada precisamente al análisis histórico y antropológico del llamado “milagro del Santo Cerro”.
Esta diferencia entre fe y análisis histórico no tiene por qué convertirse en una confrontación.
La fe pertenece al ámbito de las creencias religiosas.
La historia trabaja con documentos, testimonios, evidencias y métodos de investigación.
Conocer ambas perspectivas ayuda a construir una sociedad más culta y capaz de valorar sus tradiciones sin abandonar el pensamiento crítico.
Nuestra Señora de las Mercedes y la identidad dominicana
La identidad de un pueblo no está formada únicamente por símbolos políticos, monumentos o acontecimientos militares.
También está formada por sus costumbres, sus celebraciones, sus creencias, sus canciones, sus relatos y sus espacios de memoria.
Desde esta perspectiva, la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes constituye una parte importante del patrimonio religioso y cultural dominicano.
Durante siglos, generaciones de dominicanos han encontrado en esta advocación mariana un símbolo de protección, esperanza y consuelo.
Esa continuidad histórica explica buena parte de la fuerza que conserva la celebración.
¿Qué podemos aprender de esta tradición?
Más allá de las diferencias religiosas o personales, esta tradición ofrece varias enseñanzas.
Primera: la importancia de conocer nuestras raíces.
Segunda: el valor de preservar la memoria histórica.
Tercera: la necesidad de practicar la solidaridad con quienes sufren.
Cuarta: la importancia de respetar las creencias de los demás.
Quinta: la posibilidad de transmitir la cultura a las nuevas generaciones sin abandonar el análisis crítico de la historia.
Y, sobre todo, recuerda que las tradiciones adquieren verdadero valor cuando ayudan a construir comunidades más humanas.
Preguntas que debemos hacernos
¿Conocen nuestros hijos la historia de las principales tradiciones religiosas del país?
¿Sabemos distinguir entre una tradición popular y un hecho histórico documentado?
¿Estamos enseñando a las nuevas generaciones a valorar nuestro patrimonio cultural?
¿Estamos preservando los lugares históricos vinculados con estas tradiciones?
¿Puede una celebración religiosa convertirse también en una oportunidad para promover la solidaridad?
¿Estamos transmitiendo solamente las ceremonias o también los valores que dieron origen a estas tradiciones?
Son preguntas que van más allá del 24 de septiembre.
Son preguntas sobre la manera en que una sociedad conserva su memoria.
CONCLUSIÓN
Nuestra Señora de las Mercedes ocupa un lugar especial en la historia religiosa y cultural de la República Dominicana.
Su devoción tiene raíces que se remontan a la tradición mercedaria surgida en España en el siglo XIII y que posteriormente llegó a América. En nuestro país, esa devoción se relacionó profundamente con lugares como el Santo Cerro y con acontecimientos históricos que contribuyeron a consolidar su presencia en la vida nacional.
Pero la importancia de las Mercedes no está solamente en su antigüedad.
Está también en lo que representa para generaciones de dominicanos: fe, esperanza, misericordia, agradecimiento, tradición y memoria.
Conservar esta tradición no significa desconocer la historia ni renunciar al pensamiento crítico.
Significa aprender a valorar nuestras raíces, estudiar nuestro pasado y transmitir a nuestros hijos aquello que forma parte de nuestra identidad cultural y espiritual.
Porque un pueblo que conoce sus tradiciones tiene mayores posibilidades de comprender quién es.
Y un pueblo que comprende su historia puede decidir mejor qué merece conservar, qué necesita transformar y qué valores desea transmitir a las generaciones que vienen.
LA REFLEXIÓN DE: LAPLUMAPERSPICAZ.COM
Las tradiciones no deben convertirse en costumbres vacías que repetimos cada año sin preguntarnos por qué existen.
Una tradición adquiere verdadero valor cuando conocemos su historia, comprendemos su significado y somos capaces de transmitirla con responsabilidad.
Nuestra Señora de las Mercedes representa para millones de dominicanos una expresión profunda de fe. Pero también puede recordarnos algo que trasciende las fronteras de cualquier creencia: la misericordia se demuestra ayudando al que necesita ayuda, acompañando al que sufre y defendiendo la dignidad de quien ha perdido la esperanza.
Quizás esa sea una de las mejores maneras de honrar una tradición: no solamente acudir a un santuario para pedir, sino regresar a nuestra comunidad dispuestos también a dar.
La historia se conserva en los libros, pero una tradición permanece viva cuando sus valores continúan formando seres humanos.
La Pluma Perspicaz
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